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Un caballo tendido en el suelo sufriendo un cólico severo.

¿Qué le doy a un caballo si tiene cólicos estomacales?

Cuando un dueño pregunta ¿Qué le doy a un caballo si tiene cólicos estomacales?, sé que está buscando una respuesta urgente… y con razón. Un cólico puede comprometer la circulación intestinal en menos de 60 minutos y, en casos graves, poner en riesgo la vida del caballo si recibe el tratamiento equivocado. En esta guía te explicaré, con criterio clínico pero en lenguaje claro, qué puedes administrar de forma segura, qué nunca debes darle y cómo reconocer el punto exacto en el que necesitas asistencia veterinaria inmediata.


Tabla de contenido

Qué dar a un caballo con cólico | alimentos y líquidos recomendados

¿Qué le doy a un caballo si tiene cólicos estomacales

El cólico equino representa una urgencia médica que exige atención inmediata del veterinario. Sin embargo, existen medidas seguras que pueden adoptarse mientras llega la asistencia profesional. Estas medidas no sustituyen el diagnóstico clínico, aunque ayudan a estabilizar al caballo sin agravar el dolor abdominal.

Durante los primeros minutos, resulta esencial mantener al caballo calmado. La reducción del estrés disminuye la motilidad intestinal irregular, lo que evita un incremento del malestar digestivo. Un ambiente tranquilo mejora la seguridad del animal y también facilita la evaluación inicial.

Hidratación controlada para evitar la deshidratación temprana

El acceso al agua limpia debe mantenerse sin restricciones. La hidratación constante favorece la lubricación del contenido intestinal y reduce el riesgo de impactación. El agua tibia mejora la ingesta espontánea y resulta más aceptada en caballos con dolor. La administración excesiva no es necesaria, aunque la disponibilidad continua sí resulta importante.

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En algunos casos, la ingesta disminuye cuando el cólico progresa. En esa situación, conviene ofrecer agua en recipientes anchos, ya que estos facilitan el consumo. Esta práctica no sustituye la fluidoterapia que aplicará el veterinario, pero ayuda a limitar el avance de la deshidratación. El agua fría o de temperatura muy variable debe evitarse para prevenir contracciones bruscas del intestino.

Forraje suave como única fuente alimentaria en las primeras horas

El caballo con cólico no debe recibir grano en ninguna circunstancia. Los concentrados elevan la fermentación y aumentan el gas intestinal, lo que agrava el dolor. El veterinario determinará el momento adecuado para reintroducirlos.

Cuando el caballo permanece estable, puede ofrecerse una pequeña cantidad de heno de buena calidad. El forraje debe ser verde, suave y de fibra larga. Este tipo de fibra facilita el tránsito natural y evita que el contenido intestinal se compacte. Si el caballo rechaza el heno, no deben ofrecerse alternativas ricas en azúcares. El propósito inicial es proteger la mucosa y reducir la presión abdominal.

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En situaciones donde el cólico está relacionado con impacto leve, algunos veterinarios recomiendan heno mojado para aumentar la hidratación del bolo. Esta práctica nunca debe aplicarse sin supervisión profesional, ya que ciertos tipos de cólico empeoran al añadir humedad adicional.

Opciones líquidas seguras cuando el caballo acepta beber

Ilustración del sistema digestivo de los caballos.

Las soluciones electrolíticas orales resultan útiles en caballos que beben sin dificultad. Estos compuestos restablecen la función mineral básica y reducen el agotamiento. La administración debe ser moderada y siempre disuelta siguiendo las proporciones indicadas.

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Los electrolitos no sustituyen la terapia intravenosa. Sin embargo, contribuyen a mantener la osmolaridad sanguínea estable y facilitan la recuperación inicial. El sabor ligeramente salado mejora la ingesta de agua y estimula el consumo voluntario. Esta estrategia previene la reducción del volumen plasmático en las primeras horas, un factor clave en la evolución del cólico.

Alimentos y líquidos que deben evitarse totalmente

El caballo con cólico no debe recibir melaza ni alimentos húmedos ricos en azúcares. Tampoco se recomiendan los suplementos grasos o las mezclas comerciales altamente energéticas. Estos productos retrasan el vaciado gástrico y empeoran la fermentación.

Las frutas deben evitarse, incluso en pequeñas cantidades. Contienen fructosa y agua en proporciones elevadas, lo que altera el equilibrio del ciego durante el episodio de cólico. Las verduras frescas tampoco resultan adecuadas por su exceso de humedad y su efecto impredecible sobre la motilidad intestinal. Cualquier intento de forzar la alimentación agrava el dolor. El caballo debe comer únicamente si lo hace de forma voluntaria y sin resistencia.

Cuándo detener la alimentación por completo

La presencia de sudoración intensa, mirada fija al flanco, rodamiento frecuente o respiración acelerada indica un proceso avanzado. Ante estos signos es imprescindible retirar todo alimento. El veterinario evaluará la motilidad intestinal y decidirá el momento adecuado para reintroducir el forraje.

Si el caballo rechaza incluso el agua, no deben realizarse intentos para obligarlo a beber. En ese punto, la deshidratación puede ser significativa y requerir fluidos intravenosos. El reposo absoluto y la supervisión continua se vuelven obligatorios hasta recibir atención profesional.

¿El caballo puede beber agua? | reglas para hidratar sin agravar el cólico

Un caballo tendido en el suelo sufriendo un cólico severo.
  1. Permitir acceso a pequeñas cantidades de agua fresca y templada: El caballo con cólico puede beber, pero únicamente volúmenes reducidos. Esto evita que el estómago se sobrecargue y reduce el riesgo de distensión abdominal.
  2. Ofrecer agua templada entre 10–20 °C: La temperatura tibia favorece la ingesta voluntaria y previene espasmos intestinales que pueden ocurrir con el agua muy fría.
  3. Evitar el acceso libre e ilimitado: Muchos caballos beben de manera compulsiva cuando sienten dolor. El exceso puede aumentar la presión gástrica y agravar el cuadro.
  4. Retirar el agua si el caballo bebe de forma rápida o ansiosa: La velocidad elevada de consumo es un signo de deshidratación o dolor severo. Se debe limitar la cantidad y esperar la evaluación veterinaria.
  5. Hidratar en intervalos cada 20–30 minutos: Pequeñas tomas frecuentes mantienen la mucosa intestinal hidratada sin riesgo de sobrecarga.
  6. Evitar completamente el agua con electrolitos sin supervisión veterinaria: Los electrolitos pueden alterar el equilibrio osmótico y empeorar ciertos tipos de cólico, especialmente los obstructivos.
  7. No administrar agua mediante jeringa o botella directamente en la boca: Existe riesgo de aspiración, tos, infección pulmonar o daño por estrés.
  8. Aumentar la vigilancia si el caballo no muestra interés por beber: La falta de sed puede indicar dolor severo, deshidratación avanzada o alteración gástrica.
  9. Suspender el agua si hay sospecha de cólico gástrico o dilatación del estómago: En estos casos, la ingesta incluso moderada puede ser peligrosa y requerir descompresión inmediata.
  10. Permitir agua solo después de que el veterinario lo autorice si ha habido sonda nasogástrica: Tras el vaciamiento gástrico, el intestino necesita estabilizarse antes de permitir hidratación libre.

¿Qué tipo de heno o forraje ofrecer después del cólico?

Heno y forraje recomendados tras un cólico equino

Después de un episodio de cólico, lo ideal es reintroducir forraje de forma gradual, con heno de gramíneas de buena calidad (timothy, orchard-grass, brome, etc.), evitando pasto o heno muy maduro o rico en carbohidratos que puedan alterar la fermentación intestinal.

Si el caballo muestra buena tolerancia, el heno puede ofrecerse en raciones pequeñas varias veces al día; por ejemplo, en dosis reducidas cada 3–4 horas, o favorecer un acceso libre a heno solo después de 24 a 48 horas sin signos de dolor.

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En casos de cólicos relacionados con fermentación excesiva, gases o sensibilité digestiva, opciones más digestivas como henos suaves, heno de primera siega y forrajes con bajo contenido en almidón suelen ser más seguros que mezclas de cereales o forrajes de segunda siega.

Para caballos con antecedentes frecuentes de cólico o con intestino sensible, muchos veterinarios recomiendan añadir fibra digestible fácil como pulpa de remolacha (beet pulp) o alimentos tipo “low-bulk hay/pellets” tras estabilizar al animal, siempre bajo supervisión profesional.

Es fundamental que el heno esté limpio, sin moho, polvo ni tierra. Alimentar a un caballo con heno de mala calidad, sucio o con arena incrementa el riesgo de re-cólico o impactación.

Qué NO darle a un caballo con cólico | alimentos y hábitos a evitar

Un caballo que sufre un cólico severo intenta levantarse.

Alimentos, prácticas y hábitos que deben evitarse:

  1. Nada de granos ni piensos concentrados ricos en almidón: El maíz, la cebada, la avena procesada y otros concentrados elevan la fermentación intestinal y pueden empeorar gases, dolor y riesgo de obstrucción.
  2. No ofrecer grandes raciones de pienso en una sola toma: Las comidas abundantes de concentrados saturan el intestino y aumentan la probabilidad de fermentación ácida y cólico severo.
  3. Evitar cambios bruscos en la dieta: Cambiar de golpe el tipo de heno, pienso o suplemento altera la microbiota intestinal y puede desencadenar cólico. Toda transición debe ser gradual (5–10 días).
  4. No proporcionar heno de mala calidad: Cualquier forraje con moho, polvo excesivo, humedad, tallos demasiado duros o mal olor está asociado a impactaciones, irritación intestinal e inflamación.
  5. Evitar que coma del suelo arenoso: Ingerir arena provoca “cólico por arena”, un problema común en climas secos. Se recomienda alimentar en redes o comederos elevados.
  6. No retirar el forraje durante demasiadas horas: Dejar al caballo sin fibra largas horas disminuye la motilidad intestinal, empeora la acidez y puede aumentar la posibilidad de un nuevo episodio de cólico.
  7. Evitar agua fría, sucia o de mala calidad: El agua debe ser templada, limpia y accesible. Agua incómoda o contaminada puede inducir deshidratación y agravar el cólico.
  8. No ofrecer alimentos altos en azúcar o energía: Melaza, mezclas muy calóricas, golosinas comerciales dulces o suplementos energéticos pueden intensificar la fermentación intestinal.
  9. Evitar alimentos destinados a otras especies: Los piensos para vacas, aves o mascotas contienen aditivos o nutrientes inadecuados para caballos y pueden causar cólicos o toxicidad.
  10. No modificar bruscamente la rutina diaria: Cambios repentinos en ejercicio, establo, horario o acceso al pasto alteran la motilidad intestinal y aumentan la inestabilidad digestiva.

¿Por qué no dar granos o concentrados si tiene cólico?

Un caballo que sufre un cólico severo duerme en el establo.

Bold: Riesgo de almidón no digerido y fermentación intestinal

Los caballos no digieren eficientemente grandes cantidades de almidón en el intestino delgado. Al superar su capacidad digestiva, parte del almidón no absorbido llega al intestino grueso. Allí las bacterias fermentan ese almidón, generando ácido láctico y gases. Este cambio en la microbiota intestinal puede provocar disbiosis, acidosis y cólico.

Estudios comparativos han mostrado que dietas con almidón elevado (granos/concentrados) alteran la morfología intestinal, pH colónico, y aumentan la inflamación de la mucosa. Estas alteraciones comprometen la salud digestiva del caballo.

Sobrefermentación, gases y riesgo de impactación

Cuando la fermentación intestinal se acelera, se incrementa la producción de ácidos grasos volátiles y gases. Esto puede distender las asas intestinales, generar dolor, espasmos y aumentar el riesgo de impactación. La evidencia señala que los animales con dietas altas en concentrado tienen mayor incidencia de episodios de cólico en comparación con los alimentados principalmente a base de forraje.

Además, el desequilibrio bacteriano favorece la proliferación de bacterias amilolíticas (Lactobacillus, Streptococcus), mientras disminuyen las bacterias fibro-digestivas. Esta alteración debilita la función digestiva natural del intestino grueso, esencial en equinos.

Impacto inmediato de comidas abundantes o cambios bruscos de dieta

Dar concentrados en grandes cantidades o realizar cambios abruptos en la alimentación incrementa dramáticamente el riesgo de cólico. Por ejemplo, estudios epidemiológicos muestran que raciones altas en grano pueden multiplicar varias veces la probabilidad de cólico.

Las comidas copiosas sobrecargan la digestión, reducen la motilidad intestinal natural y alteran el equilibrio osmótico en el intestino grueso. Todo ello favorece la formación de fermentaciones nocivas, gases y distensión intestinal.

La fibra como base esencial del sistema digestivo equino

Los forrajes proporcionan fibra estructural esencial para el funcionamiento natural del intestino de los caballos. Dietas basadas en heno o pasto promueven una fermentación estable, mantienen un pH intestinal equilibrado y permiten una digestión continua, emulando su alimentación natural como herbívoros.

En contextos de cólico o recuperación digestiva, priorizar forraje de calidad y evitar concentrados representa la estrategia más segura. Reducir al mínimo los granos protege la microbiota intestinal, previene acidosis y disminuye considerablemente la probabilidad de recaídas.

Evitar granos o concentrados cuando un caballo tiene cólico no es una recomendación arbitraria, sino una práctica basada en pruebas: la limitación del almidón, la prioridad de la fibra y la modulación de la ingesta protegen la salud digestiva. Ofrecer forraje de buena calidad, mantener hidratación y evitar cambios bruscos en la dieta constituyen las bases de un manejo preventivo y terapéutico eficaz.

¿Por qué evitar alimentos secos, mezclas de grano o azúcar en ese momento?

Un caballo que sufre un cólico severo duerme cerca del heno.

Digestión adaptada a fibra: el caballo es un fermentador de intestino posterior

El sistema digestivo del caballo está adaptado a procesar fibra estructural durante muchas horas al día. Su ciego y colon mayor están diseñados para fermentar celulosa lentamente.  Al ofrecer alimentos secos con alto almidón o mezclas concentradas se interrumpe ese patrón natural: la digestión en el intestino delgado no logra procesar todo el almidón.

Como resultado, el exceso de almidón pasa al intestino posterior, donde las bacterias lo fermentan rápidamente, generando una sobreproducción de ácidos fuertes (ácido láctico sobre todo), gases y una caída drástica del pH intestinal.  Este cambio abrupto en el ambiente intestinal altera la microbiota natural y puede desencadenar disbiosis, inflamación, dolor, gases intensos, e incluso cólico o impactación.

Consumo rápido y falta de saliva: factores que agravan el problema

Las mezclas secas y los granos concentran energía en pocas bocas  eso promueve ingestas rápidas. A diferencia del heno, que requiere masticación prolongada y estimula la producción de saliva, los granos se ingieren conscientemente en segundos. Esta saliva es clave porque actúa como buffer natural contra la acidez gástrica.

Cuando la alimentación es rápida y pobre en fibra:

Se reduce la producción de saliva.

Disminuye la buffering capacity del estómago.

Aumenta la acidez y el riesgo de úlceras gastricas.

Además, el bolo concentrado y seco tiene menor capacidad para retener agua y movimiento intestinal, lo que favorece la impactación o el estancamiento en el colon o ciego.

Azúcares y almidón: combustible instantáneo, riesgo inmediato

Las mezclas con granos, melaza o alto contenido en carbohidratos se digieren rápido, elevan la glucosa y alimentan bacterias que metabolizan azúcares y almidones. Esta fermentación intensa dispara la producción de ácidos, gases y toxinas bacterianas, lo cual puede provocar cólicos agudos, cólico por gases, acidosis intestinal, e incluso laminitis secundaria.

Cuando el intestino está alterado por un episodio de cólico, su capacidad de regeneración y regulación del pH se ve comprometida. Introducir azúcar o almidón en este momento puede reactivar el problema, prolongar el malestar o generar complicaciones graves.

Riesgo de cambio brusco y sobretensión digestiva

Además, introducir granos o concentrados justo después de un cólico o cambiar abruptamente de forraje a pienso somete al sistema digestivo a una sobrecarga de almidón y azúcares en una fase de vulnerabilidad. Estudios muestran que ese tipo de cambios repentinos son uno de los factores desencadenantes de nuevos episodios de cólico.

Por lo tanto, los textos recomendados por veterinarios y manuales clínicos indican que, tras un cólico, se debe basar la dieta nuevamente en forrajes de buena calidad y fibra estructural, y evitar totalmente granos o mezclas concentradas hasta que la motilidad intestinal, la microbiota y el tránsito digestivo se hayan estabilizado.

Cuándo y cómo volver a alimentar al caballo tras un episodio de cólico

La reintroducción de alimento después de un episodio de cólico requiere un enfoque gradual, controlado y basado en la fisiología digestiva del caballo. La prioridad consiste en restablecer la motilidad intestinal sin provocar fermentaciones excesivas, deshidratación ni sobrecarga del tracto digestivo. Por eso, el orden, el tipo de alimento y el tiempo son claves para evitar una recaída.

1. Reanudar la alimentación solo cuando el veterinario confirme motilidad estable

El caballo no debe recibir alimento hasta que el profesional confirme que:

  • El dolor ha desaparecido por completo.
  • Los sonidos intestinales regresan en todos los cuadrantes.
  • La hidratación está estabilizada.
  • El tránsito está activo y no hay distensión ni riesgo de impactación.

Los manuales clínicos recomiendan esperar de 6 a 12 horas después de la resolución del cólico leve, y más tiempo si fue espasmódico, obstructivo o por impactación.

2. Empezar con pequeñas cantidades de forraje húmedo

El primer alimento debe ser siempre fibra fácil de digerir, humedecida para facilitar la hidratación y la lubricación del tránsito.

Las opciones más seguras incluyen:

  • Heno de hierba suave (timothy, ryegrass o pradera) humedecido.
  • Forraje remojado de fibra larga.
  • Paja totalmente prohibida en esta fase.

La cantidad inicial suele ser 0,5 a 1 % del peso corporal repartido en varias tomas, lo cual evita picos de fermentación y mantiene la motilidad estable.

3. Aumentar la ración de forma progresiva

Una vez tolerada la primera comida, se incrementa la cantidad de forraje cada 4–6 horas, vigilando:

  • Ausencia de dolor.
  • Frecuencia normal de heces.
  • Hidratación adecuada.
  • Nivel de hambre sin ansiedad excesiva.

El retorno a la ración normal puede tardar entre 24 y 72 horas, según la gravedad del episodio.

4. Evitar totalmente granos, concentrados y azúcares

Tras un cólico, el sistema digestivo está vulnerable. Los concentrados y las mezclas ricas en almidón pueden:

  • Alterar el pH del intestino posterior.
  • Generar fermentación rápida y gas.
  • Desencadenar nuevos episodios de dolor.

Por ello, los piensos energéticos deben reintroducirse solo cuando el veterinario lo autorice, y siempre después de varios días de estabilidad digestiva.

5. Introducir nuevamente los concentrados de forma escalonada

Cuando el caballo esté estable y con motilidad normal, se reintroducen los concentrados siguiendo esta lógica:

  • Iniciar con ¼ de la ración habitual durante 48 horas.
  • Aumentar a ½ ración si no hay signos de malestar.
  • Retornar a la cantidad normal al cabo de 3 a 5 días.

Cualquier signo de dolor requiere volver inmediatamente a la dieta estricta de forraje.

6. Mantener agua fresca continuamente (pero sin exceso inicial)

El caballo debe tener acceso a agua limpia y templada tan pronto desaparezca el dolor.

Evitar que beba grandes volúmenes de golpe previene distensión abdominal.

Ofrecer agua con sal en baja concentración puede ayudar a recuperar electrolitos, siempre bajo supervisión veterinaria.

7. Ajustar la dieta a largo plazo para prevenir recaídas

Tras recuperarse, conviene reformular la alimentación:

  • Incrementar la fibra efectiva.
  • Reducir almidón y azúcares simples.
  • Dividir las raciones en varias tomas pequeñas.
  • Mantener horarios fijos.
  • Añadir pre y probióticos si el veterinario lo recomienda.

Una parte importante de la prevención se basa en la regularidad digestiva, la hidratación constante y el acceso continuo a forraje.

Referencias

  • James N. Moore.
    Overview of Colic in Horses. Merck Veterinary Manual, 2021.
    URL: MerckVetManual
  • Luiz C. P. Santos.
    Practical Guide to Equine Colic. 2012.
    DOI: 10.1002/9781118704783.fmatter
  • Sarah L. Ralston.
    Feeding Practices in Horses and Other Equids. MSD Veterinary Manual, 2021.
    URL: MSD Vet Manual
  • Kentucky Equine Research Staff.
    How Should Horses Be Fed After Colic Surgery? 2015.
    URL: KER
  • Patricia A. Harris.
    Forage and Grain Tips to Reduce Equine Colic Risk. MySeniorHorse, 2024.
    URL: MySeniorHorse
  • Erin Malone, DVM.
    Cólico en tu caballo. Extension UMN, Revisado 2021.
    URL: Extension UMN
  • Michigan State University.
    Colic Prevention — Equine Services.
    URL: MSU
  • Burleson Equine Hospital.
    What is Equine Colic?
    URL: Burleson Equine Hospital
  • Colombino E., Raspa F., Perotti M., et al.
    Gut health of horses: effects of high fibre vs high starch diet. BMC Vet Res, 2022.
    DOI: 10.1186/s12917-022-03433-y PMCID: PMC9454146
  • Harlow B. E., Lawrence L. M., Hayes S. H., et al.
    Effect of Dietary Starch Source on Equine Fecal Microbiota. PLoS One, 2016.
    DOI: 10.1371/journal.pone.0154037 PMCID: PMC4851386
  • James N. Moore.
    Colic in Horses. MSD Veterinary Manual, 2019.
    URL: MSD Vet Manual
Control y examen manual del estado del caballo

Paso inestable en caballos mayores: evaluación biomecánica

El paso inestable en caballos mayores refleja alteraciones biomecánicas progresivas que afectan la coordinación neuromuscular y la flexibilidad articular. Investigaciones recientes indican que una asimetría superior al 12 % en la fase de apoyo puede predecir lesiones crónicas en tendones y articulaciones. La evaluación detallada mediante plataformas de fuerza y análisis cinemático permite detectar desequilibrios tempranos antes de que el deterioro locomotor sea evidente. Comprender estos patrones es esencial para diseñar protocolos de rehabilitación y mantener la funcionalidad motora en equinos geriátricos.

Cambios biomecánicos naturales en los caballos de edad avanzada

Cuidado de las patas de un caballo anciano

A medida que los caballos envejecen, se observa una reducción progresiva de la longitud de zancada combinada con un aumento en la frecuencia de paso, lo que busca mantener la velocidad.

En un estudio de trote en Standardbreds, la longitud de zancada disminuyó significativamente (p < 0,05) cuando se comparó a caballos mayores frente a los más jóvenes. Además, la amplitud angular de articulaciones como cadera y corvejón tiende a reducirse, generando un patrón de movimiento más rígido y “paso estabilizado”.

La menor flexibilidad articular y la disminución de la fuerza muscular contribuyen a una inestabilidad lateral aumentada y mayor tendencia al “tropezón” o cambios bruscos de apoyo.(Management of the older horse) .

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Este patrón se agrava cuando hay desuso, dolor articular subclínico o sobrepeso. Por consiguiente, en la clínica ecuestre geriátrica conviene anticipar estos cambios mediante evaluaciones periódicas de la marcha y programas de ejercicio adaptados.

Alteraciones en la masa muscular y rigidez articular que afectan la estabilidad del paso

Los caballos de edad avanzada presentan una disminución significativa de la masa muscular esquelética, sobre todo en las extremidades posteriores; en un estudio se observó que la actividad de citrato sintasa cayó en los caballos mayores (p < 0,05), lo que indica menor capacidad oxidativa muscular.

Esta pérdida de músculos de tipo II y el aumento de fibras híbridas contribuyen a una menor generación de fuerza durante el apoyo y una mayor oscilación lateral en el paso.

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Al mismo tiempo, la rigidez articular resultado del envejecimiento de tendones y ligamentos incrementa: por ejemplo, en el tendón de Aquiles humanos la rigidez aumentó entre 34 % y 68 % en adultos mayores.

En equinos, la rigidez de tendones apoyadores influye directamente en los ángulos articulares de corvejón y fémur; un estudio mostró correlaciones significativas (r = −0,88 para MCP) entre edad y ángulo articular.

Estas convergencias entre atrofia muscular y rigidez articular merman la estabilidad del paso, aumentan el riesgo de tropezones y comprometen la rehabilitación. Por tanto, la evaluación geriátrica debe incluir análisis de tono muscular, prueba de rigidez articular y diseño de programas de fortalecimiento adaptados.

Reducción de la propriocepción y su impacto en la coordinación motora

Examine las patas y los cascos del caballo después de que pierda la sensibilidad y su andar se vuelva desequilibrado.

La propiocepción declina con la edad en el caballo, por pérdida neural y menor sensibilidad de receptores articulares.

Esa pérdida reduce la percepción de la posición articular; como resultado, la coordinación se vuelve más imprecisa.

Los caballos mayores muestran mayor variabilidad en el centro de presión y aumento del balanceo postural en pruebas de estación. Además, la combinación de atrofia muscular y rigidez articular disminuye la velocidad de corrección postural, elevando el riesgo de tropezones.

La artrosis, muy prevalente en geriatría equina, amplifica la pérdida propioceptiva por daño de mecanorreceptores.

En anestesia geriátrica se documenta claramente la disminución de la propiocepción y la coordinación motora en caballos ancianos.

Intervenciones básicas entrenamiento de equilibrio y ejercicios propioceptivos reducen la oscilación postural y mejoran la estabilidad. Estudios de campo muestran mejoras medibles tras 4 semanas.

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Consecuencias clínicas clave: pérdida de precisión en la colocación de la extremidad; aumentos en la variabilidad del paso; mayor incidencia de caídas y de lesiones secundarias. Por ello, la evaluación geriátrica debe incluir pruebas de equilibrio, análisis de centro de presión y un programa de rehabilitación propioceptiva individualizado.

  • - Con la edad, los caballos muestran una disminución de la actividad de la enzima citrato sintasa en músculo esquelético, lo que indica menor capacidad oxidativa y resistencia muscular.
  • - Los caballos mayores (22 ± 5 años) presentaron un porcentaje significativamente menor de fibras musculares tipo IIx y mayor de híbridas IIa/x al inicio del entrenamiento, lo que sugiere una alteración de la composición muscular en la senescencia.
  • - En tareas posturales, los caballos viejos mostraron mayor actividad muscular extensora en posición neutra que los maduros, lo que implica que requieren mayor esfuerzo para mantener la estabilidad.
  • - El uso del músculo y los patrones de coordinación cambiaron con la edad: los caballos mayores usan estrategias diferentes para tareas habituales, lo que evidencia alteración sensoriomotora.

Estos datos permiten entender que en el caballo geriátrico existe una combinación de pérdida de capacidad muscular, alteración del patrón de uso y un aumento del esfuerzo para mantener la postura y el paso, lo que indirectamente afecta la propiocepción y la coordinación motora.

Factores que contribuyen al paso inestable en caballos mayores:

Factores que reducen la propiocepción y afectan la coordinación motora en caballos mayores

  • - Pérdida de masa muscular (sarcopenia): disminuye la fuerza correctiva y la velocidad de respuesta ante perturbaciones. (BEVA / revisión en Equine Veterinary Journal).
  • - Alteración de la función mitocondrial y capacidad oxidativa muscular: menor capacidad energética reduce la resistencia y la respuesta postural. (estudios sobre función muscular en animales envejecidos).
  • - Degeneración articular / osteoartritis: el daño de mecanorreceptores periarticulares reduce la entrada propioceptiva y genera movimientos más rígidos.
  • - Cambios en el control neuromotor y en la integración sensoriomotora: envejecimiento del sistema nervioso central reduce la plasticidad y la precisión del control del paso.
  • - Aumento de la oscilación postural (postural sway): caballos geriátricos muestran mayor variabilidad del centro de presión, indicador funcional de menor estabilidad. (Egan et al., análisis de postural sway en campo).
  • - Rigidez tendinosa y ligamentaria: menor elasticidad retrasa la corrección mecánica durante el apoyo y aumenta la inestabilidad. (https://ker.com/equinews/muscle-wasting-old-horses/).
  • - Dolor subclínico y compensaciones por cojeras crónicas: ajustes de carga alteran la simetría y la retroalimentación propioceptiva entre patas.
  • - Fatiga y menor capacidad de recuperación: el cansancio neuromuscular incrementa la imprecisión motora en tareas repetitivas. (revisión sobre envejecimiento y síntesis proteica, Wagner, A. et al. American Journal of Veterinary Research, 2013).
  • - Efectos iatrogénicos o farmacológicos (p. ej. sedación/anestesia): fármacos reducen temporalmente propiocepción y coordinación, con mayor impacto en geriátricos.
  • - Factores extrínsecos que agravan la deficiencia sensoriomotora: terreno irregular, herrado inadecuado o sobrepeso multiplican el riesgo de paso inestable.

Dolor crónico y compensaciones musculares que alteran la simetría del paso

Caballos que sufren dolor crónico y atrofia muscular que altera su coordinación de la marcha

El dolor crónico en articulaciones o espalda induce compensaciones musculares que modifican la carga entre extremidades y generan simetrías alteradas del paso. En un estudio experimental con caballos, la inducción de dolor ortopédico elevó la asimetría total del movimiento (TAS) en promedio 27 mm (SD 26 mm) respecto al estado basal.

Estas compensaciones se manifiestan como movimientos alterados de la pelvis, con desviación lateral o aumento de extensión en la región toracolumbar, tras dolor unilateral. Además, un análisis clínico de 367 caballos con cojeras registró patrones de compensación: en cojeras de extremidades posteriores, el 90 % mostraban asimetría “pelvis-withers” diagonal, lo que confirma cambios musculoesqueléticos secundarios.

La persistencia de dolor subclínico como el derivado de artrosis o tendinopatías crónicas reduce la masa muscular local y altera el control propioceptivo, agravando la inestabilidad del paso con el tiempo.

Por tanto, en la evaluación geriátrica y de rendimiento es esencial considerar no solo la cojeras manifiesta sino también el dolor latente y las compensaciones musculares que afectan la simetría de la locomoción.

Influencia del equilibrio corporal y el ángulo de los cascos en la estabilidad

Influencia del equilibrio corporal y del ángulo de los cascos en la estabilidad del caballo

El equilibrio corporal y la conformación del casco juegan un papel clave en la estabilidad de la locomoción equina; una mala alineación altera la distribución de cargas y compromete la marcha. En un estudio con doce caballos que presentaban ángulos plantares negativos, se observó que la corrección del ángulo mediante herrado modificó significativamente la postura del miembro trasero; el ángulo metatarsiano medio cambió de 81,3° ± 5,1° a 88,0° ± 3,8° en la pata derecha. (Sharp, Y. Tabor, G. 2023).

De forma complementaria, otro estudio halló una correlación fuerte (r ≥ 0.5) entre la con-formación del casco (ángulo dorsal de la pared del casco) y parámetros cinéticos al trote, como la fuerza de frenado máxima y el desplazamiento vertical del menudillo.

Estos hallazgos muestran que un casco con ángulo inapropiado o un apoyo desequilibrado lateralmente incrementa la actividad muscular de estabilización y la oscilación corporal, llevando a una mayor inestabilidad del paso.

Por tanto, en caballos mayores que ya presentan cambios músculo-esqueléticos y sensoriomotores de la edad es esencial evaluar el ángulo del casco, el eje casco-tarso y el equilibrio dinámico corporal como parte del protocolo de estabilidad locomotora.

Efecto de enfermedades articulares degenerativas sobre la biomecánica locomotora

Ejercicios de rehabilitación para caballos que sufren los efectos de enfermedades articulares

Las enfermedades articulares degenerativas (como Osteoartritis equina) comprometen la congruencia articular y alteran los patrones normales de carga y movimiento. En un modelo experimental de metacarpo-falángica inducida, se observó que los caballos desplazaban el 24 % más de carga a las extremidades contralaterales tras la inducción de lesión articular.

A nivel cinemático, los caballos con degeneración articular reducen la longitud de zancada (SL) y el ángulo de articulación en corvejón en aproximadamente 10-15 %, lo que implica menor propulsión y mayor tiempo de apoyo. Además, se documenta un aumento del trabajo mecánico absorbido por las articulaciones durante la fase de soporte, lo que genera mayor fatiga y retrasa la transición al balanceo.

Estas alteraciones provocan compensaciones musculares, asimetrías de apoyo y disminución de la estabilidad del paso, factores que elevan el riesgo de cojeras secundarias y afectan el rendimiento funcional general.

En la práctica clínica, esto requiere una evaluación precisa de la marcha, análisis cinético-cinemático y un programa de rehabilitación orientado a mejorar la articulación afectada, fortalecer musculatura y restablecer el patrón biomecánico.

Evaluación biomecánica aplicada al análisis del paso inestable

La evaluación biomecánica del paso inestable en caballos implica el análisis de parámetros cinemáticos y cinéticos, tales como la variabilidad del apoyo, la asimetría de movimiento y la excursión vertical del dorso. Un estudio realizado en caballos de doma valoró las excursiones verticales de la vértebra torácica T6 al paso en cinta con sistema de force-measuring; se encontró una diferencia media entre lados (T6minDiff) entre 0.3 y 23 mm, lo cual se relacionó con diferencias en retracción y duración del apoyo (Byström et al., 2018).

Para la medición en campo, se ha validado el uso de unidades de medida inercial (IMU) en cascos o extremidades: en cinco caballos sanos, la correlación entre IMU y sistema óptico fue de r > 0,8 para 25 de 55 variables analizadas.

La combinación de estos métodos permite detectar la inestabilidad del paso en etapas tempranas, incluso cuando no hay cojera visible, y así planificar intervenciones de rehabilitación, herrado o ajuste del entrenamiento. Por tanto, en caballos con paso inestable especialmente mayores es clave utilizar análisis biomecánico objetivo para cuantificar asimetrías, variabilidad del paso y excursión dorso-pelvis, como complemento a la valoración clínica tradicional.

Métodos de monitoreo manual para determinar la condición de un caballo anciano

Control y examen manual del estado del caballo
  • - Escala de puntuación de condición corporal (BCS): palpación visual y táctil del cuero, costillas, espalda y grupa para asignar una puntuación de 1 a 9
  • - Inspección y palpación de casco y pezuna: revisar cojeras, grietas, excesos de cuerno y estado de la suela pues alteraciones frecuentes elevan el riesgo locomotor. 
  • - Observación de la locomoción al paso y al trote: evaluar la simetría del paso, la elevación de los pies y la oscilación del tronco; detectar inestabilidad o apoyo irregular. (Estudio en 200 caballos geriátricos: 50 % cojea al trote) 
  • - Examen del pelaje y la piel: verificar pérdida de masa muscular dorsal, pelaje opaco o hirsutismo que pueden indicar patologías endocrinas o mala condición. 
  • - Valoración de la dentadura y estado alimentario: comprobar desgaste dental, dificultad para masticar, bajada de apetito o pérdida de peso que afecten la nutrición general. 
  • - Prueba de levantarse / tumbarse: observar el caballo al tumbarse y levantarse; dificultad o lentitud pueden indicar dolor articular, debilidad muscular o problemas neurológicos. 
  • - Detección de masas o tumores visibles: inspección de zonas comunes (melanomas, sarcoides) que aumentan con la edad y pueden alterar la movilidad o la comodidad del animal.

Estos métodos forman un protocolo manual básico para evaluar el estado general de caballos mayores. Combinarlos regularmente permite detectar cambios tempranos, intervenir antes de daño irreversible y mantener calidad de vida.

Cómo analizar la longitud del paso, el ritmo y la simetría utilizando herramientas disponibles

Primero, para medir la longitud del paso, se puede emplear un sistema de vídeo o cinta métrica en una pista de superficie plana. Por ejemplo, en un estudio con caballos estándar se demostró que la longitud de zancada aumentó significativamente (de 250 cm a 355 cm) cuando la velocidad cambió de “trote recogido” a “extendido”.

Luego, el ritmo (cadencia o frecuencia de pasos) puede evaluarse contando el número de apoyos por minuto al paso o al trote, o mediante un acelerómetro/IMU. En un ensayo reciente, se validó el uso de sensores inerciales mostrando una correlación r > 0,8 frente a sistemas ópticos.

Para evaluar la simetría, se recomienda observar la variabilidad entre lateral izquierdo y derecho, tanto en longitud de paso como en tiempo de apoyo. Un estudio de variabilidad de marcha reportó que la variación entre medidas consecutivas pudo alcanzar ±3 % en caballos sanos.

Finalmente, se recomienda realizar mediciones en línea recta y en círculo (para evaluar carga diferente entre extremidades) y repetir al menos tres pasadas para reducir error de medición. Por ejemplo, un trabajo reciente usó sensores de casco durante ejercicios circulares y halló diferencias de tiempo de apoyo entre pata interior y exterior (p < 0.001) al trote.

En conjunto, estos métodos permiten detectar alteraciones sutiles del paso (como paso inestable) antes de que aparezca cojeras manifiesta, lo que facilita intervenciones tempranas.

Fuentes y referencias verificadas

  1. Latham, C. M., Owen, R. N., Dickson, E. C., Guy, C. P., & White-Springer, S. H. (2021). Skeletal Muscle Adaptations to Exercise Training in Young and Aged Horses. Frontiers in Aging, 2:708918. DOI: 10.3389/fragi.2021.708918; PMID: 35822026; PMCID: PMC9261331
  2. van Bijlert, P. A., Geijtenbeek, T., Smit, I. H., Schulp, A. S., & Bates, K. T. (2024). Muscle-Driven Predictive Physics Simulations of Quadrupedal Locomotion in the Horse. Integrative and Comparative Biology, 64(3), 694–714. DOI: 10.1093/icb/icae095
  3. Mirahmadi, F., Koolstra, J. H., Fazaeli, S., Lobbezoo, F., van Lenthe, G. H., Snabel, J., Stoop, R., Arbabi, V., Weinans, H., & Everts, V. (2018). Aging does not change the compressive stiffness of mandibular condylar cartilage in horses. Osteoarthritis and Cartilage, 26(12), 1744–1752. DOI: 10.1016/j.joca.2018.08.007; PMID: 30145230
  4. Egan, S., Brama, P. A. J., Goulding, C., McKeown, D., Kearney, C. M., & McGrath, D. (2021). The Feasibility of Equine Field-Based Postural Sway Analysis Using a Single Inertial Sensor. Sensors (Basel), 21(4):1286. DOI: 10.3390/s21041286; PMID: 33670238; PMCID: PMC7916957
  5. Seddighi, R., & Doherty, T. J. (2012). Anesthesia of the geriatric equine. Veterinary Medicine (Auckland), 3, 53–64. DOI: 10.2147/VMRR.S34162; PMID: 30101084; PMCID: PMC6067663
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  7. Wagner, A. L., Urschel, K. L., Betancourt, A., Adams, A. A., & Horohov, D. W. (2013). Effects of advanced age on whole-body protein synthesis and skeletal muscle mechanistic target of rapamycin signaling in horses. American Journal of Veterinary Research, 74(11), 1433–1442. DOI: 10.2460/ajvr.74.11.1433
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  9. Byström, A., Egenvall, A., Roepstorff, L., Rhodin, M., Bragança, F. S., Hernlund, E., van Weeren, R., Weishaupt, M. A., & Clayton, H. M. (2018). Biomechanical findings in horses showing asymmetrical vertical excursions of the withers at walk. PLoS ONE, 13(9):e0204548. DOI: 10.1371/journal.pone.0204548; PMID: 30261019; PMCID: PMC6160136
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  11. Kelemen, Z., Grimm, H., Vogl, C., Long, M., Cavalleri, J. M. V., Auer, U., & Jenner, F. (2021). Equine Activity Time Budgets: The Effect of Housing and Management Conditions on Geriatric Horses and Horses with Chronic Orthopaedic Disease. Animals, 11(7):1867. DOI: 10.3390/ani11071867
  12. Hardeman, A. M., Serra Bragança, F. M., Swagemakers, J. H., van Weeren, P. R., & Roepstorff, L. (2019). Variation in gait parameters used for objective lameness assessment in sound horses at the trot on the straight line and the lunge. Equine Veterinary Journal, 51, 831–839. DOI: 10.1111/evj.13075
  13. Logan, A. A., Snyder, A. J., & Nielsen, B. D. (2023). Circle Diameter Impacts Stride Frequency and Forelimb Stance Duration at Various Gaits in Horses. Sensors, 23(9):4232. DOI: 10.3390/s23094232
Un potro gris mamando del pecho de su madre

Alimentación del potro prematuro: de la leche al forraje desde el primer día

El potro prematuro enfrenta sus primeros días con un sistema digestivo incompleto, incapaz de procesar sólidos. La leche, su única fuente de energía, debe adaptarse a su capacidad metabólica. Sin embargo, la introducción del forraje entre los días 30 y 40 estimula la maduración intestinal y acelera el desarrollo inmunitario. Estudios clínicos indican que una transición gradual y supervisada reduce en un 30 % los trastornos digestivos neonatales. Comprender cómo evoluciona esta alimentación desde el nacimiento es clave para lograr un crecimiento natural, equilibrado y clínicamente saludable.

Entender las limitaciones biológicas del potro prematuro antes de alimentarlo

Entender las limitaciones biológicas del potro prematuro antes de alimentarlo:

Potro recién nacido mamando del pecho de su madre

Comprender las limitaciones biológicas de un potro prematuro es esencial antes de iniciar cualquier plan nutricional, ya que su organismo no ha completado la maduración funcional necesaria para mantener la homeostasis y procesar los nutrientes de manera eficaz.

Según Lester (2005), el desarrollo intrauterino normal del potro culmina entre los 330 y 345 días de gestación, mientras que los nacidos antes de los 320 días suelen mostrar una inmadurez generalizada en los sistemas respiratorio, hepático, digestivo y neuromuscular. En estos casos, la termorregulación y la succión espontánea pueden estar seriamente comprometidas, lo que requiere soporte médico y una alimentación cuidadosamente controlada.

Por otro lado, el sistema gastrointestinal del potro prematuro presenta vellosidades intestinales más cortas y menor densidad de enterocitos, reduciendo así la superficie de absorción de glucosa, grasas y aminoácidos esenciales. Además, las concentraciones de enzimas digestivas, especialmente la lactasa, son significativamente más bajas que en potros nacidos a término. Por este motivo, la alimentación inicial debe administrarse con volúmenes pequeños y frecuentes, usando leche de yegua o sustitutos enriquecidos, para evitar diarreas osmóticas o distensión abdominal.

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Asimismo, el hígado inmaduro limita la síntesis de proteínas plasmáticas y la regulación de la glucemia. Esto aumenta la susceptibilidad a la hipoglucemia neonatal, sobre todo durante las primeras 48 horas. En paralelo, la escasa reserva de grasa parda y de glucógeno hepático disminuye la capacidad del potro para mantener la temperatura corporal, haciendo imprescindible un ambiente cálido y controlado.

Desde el punto de vista hematológico, los potros prematuros muestran un hematocrito bajo y niveles reducidos de inmunoglobulinas séricas, lo que incrementa su riesgo de infecciones bacterianas o virales en las primeras semanas. Por ello, antes de ofrecer alimentación, el veterinario debe evaluar parámetros vitales como la glucemia, temperatura rectal, reflejo de succión y frecuencia respiratoria. Solo tras comprobar estabilidad metabólica y neurológica, puede iniciarse la nutrición progresiva adaptada a su condición.

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Por qué su sistema digestivo inmaduro requiere leche modificada o fraccionada

Un potro blanco y marrón mamando del pecho de su madre.

El potro prematuro presenta un sistema digestivo que aún no ha adquirido la capacidad óptima para absorber y metabolizar correctamente los nutrientes esenciales; por ello, se hace imprescindible emplear una alimentación adaptada desde el inicio. En estudios clínicos se ha observado que neonatos con menos de 320 días de gestación tienen menor motilidad intestinal, vellosidades más cortas y una actividad de lactasa y sacarasa reducida en un 30-40 % en comparación con potros nacidos a término. Además, su microbiota intestinal no está plenamente establecida lo que genera una menor resistencia a la proliferación bacteriana y al desequilibrio digestivo y exige tomas fraccionadas de leche con alta digestibilidad; ya que la alimentación continua de grandes volúmenes podría desencadenar cólico o diarrea osmótica.

En consecuencia, la leche modificada, de alta digestibilidad y fraccionada cada 1–2 horas, ofrece una ventaja crítica: permite una absorción gradual, reduce el estrés intestinal y facilita la homeostasis metabólica del neonato.

- Relacionado: Diferencias entre potros prematuros y potros normales

Antes de proceder a cerealización o a emulsionar fuentes de almidón, debe comprobarse que el potro tolera y asimila correctamente la leche base.

  • Desarrollo intestinal progresivo: los potros muestran un crecimiento rápido de las vellosidades intestinales durante las dos primeras semanas de vida, esencial para aumentar la superficie de absorción de nutrientes.
  • Composición bacteriana inicial: la colonización del intestino depende fuertemente del tipo de parto y del contacto temprano con la yegua. Potros nacidos por cesárea o criados artificialmente presentan una microbiota menos diversa.
  • Influencia de la leche materna: la leche de la yegua no solo aporta nutrientes, sino también inmunoglobulinas y oligosacáridos que modulan la flora intestinal y fortalecen la inmunidad local.
  • Impacto del calostro: la calidad del calostro se correlaciona con la maduración intestinal; potros que reciben menos de 1,5 L en las primeras 6 h muestran una absorción deficiente de proteínas séricas. 
  • Relación con enfermedades digestivas: un desequilibrio en la microbiota intestinal está vinculado con una mayor incidencia de diarrea neonatal, cólico y síndrome de mala absorción.
  • Efecto de la alimentación artificial: la sustitución de la leche materna por fórmulas no adaptadas altera la acidez intestinal y retrasa la madurez de las enzimas digestivas (lactasa, maltasa y amilasa). 

University of Kentucky, Martin-Gatton College of Agriculture & Environment. Pyles, Morgan Brewer (2021). Factors influencing mare milk and foal gastrointestinal health (Doctoral Dissertation).

Cómo la debilidad muscular afecta la succión y el consumo de nutrientes

La debilidad muscular en un potro prematuro compromete gravemente el reflejo de succión; sin fuerza adecuada, el neonato no alcanza ni se fija al pezón, lo que reduce drásticamente la ingesta de calostro y leche. Además, los músculos de la lengua, el paladar y la faringe requieren tono suficiente para coordinar la deglución; sin ello, la leche puede aspirarse o regurgitarse, incrementando el riesgo de neumonía por aspiración.

En consecuencia, esta deficiencia refleja una absorción ineficaz de nutrientes: la digestión fraccionada se ve obligada, el volumen por toma debe reducirse y las tomas deben ser más frecuentes para compensar. Por otro lado, al no alimentarse adecuadamente, el potro presenta hipoglucemia, menor movimiento intestinal y menor síntesis proteica; esto limita su crecimiento y potencia el ciclo de debilidad muscular progresiva. En este contexto, intervenir temprano con nutrición asistida, suplementos proteicos y monitoreo del consumo se vuelve esencial para romper esa espiral negativa. (Conze, T.M., Falkenau, A., Goehring, L.S. and May, A. (2022), Complete AV block in a neonatal foal suffering from nutritional myodegeneration).

Nutrición temprana: cómo iniciar la alimentación en potros con bajo peso y reflejo débil

Un potro árabe rojo amamantando a su madre.

Cuando un potro con bajo peso y reflejo de succión débil requiere nutrición temprana, es esencial adaptar el plan inmediatamente. En neonatos débiles, lo ideal es iniciar con cantidades pequeñas divididas cada 1-2 horas, evitando la sobrecarga digestiva; por ejemplo, comenzar con 5 % del peso corporal en leche al día, dividido en múltiples tomas. Además, si el sistema gastrointestinal está inmaduro o hay signos de tolerancia reducida, se recomienda usar una sonda nasogástrica y empezar con volúmenes tan bajos como 10 mL/kg cada 2 horas, aumentando gradualmente hasta alcanzar 10-15 % del peso corporal al día. Por otro lado, la leche de yegua (≈ 500-600 kcal/L) o un sustituto específico proporciona la energía adecuada mientras el reflejo de succión se fortalece.

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A su vez, durante este periodo inicial es vital monitorizar la glucemia, la temperatura corporal y el residuo gástrico antes de cada toma; valores elevados de residuo o distensión abdominal obligan a reducir o suspender la alimentación enteral y considerar nutrición parenteral. En consecuencia, este enfoque fraccionado y cuidadosamente supervisado permite mitigar los riesgos de aspiración, cólico o hipoglucemia, y favorece una transición segura hacia la alimentación plena.

Esta es una tabla que muestra cómo ayudar a un potro prematuro a mamar durante el primer día después del nacimiento si no puede mamar de su madre debido a debilidad.

Momento (día 1)

Acción / manejo inmediato

Volumen, técnica y objetivo clínico

0–30 min (inmediato)

Evaluación rápida: temperatura, FC, FR; secar y colocar en decúbito esternal.

No alimentar todavía; objetivo: estabilizar respiración y termorregulación; preparar material de alimentación.

30–60 min

Valorar reflejo de búsqueda y succión; medir glucemia capilar; registrar datos.

Si succión adecuada: ofrecer calostro; 250–300 mL por toma cada 1–2 h; meta 1–2 L primeras 6–12 h.

Si succión débil o ausente (1–3 h)

Colocar sonda nasogástrica por veterinario; verificar posición antes de alimentar.

 Iniciar tomas fraccionadas por sonda; objetivo inicial ≈10% del peso corporal/día; ejemplo: 400 mL cada 2 h en foal 50 kg.

Primeras 6 h (monitorización)

 Controlar residuo gástrico antes de cada toma; vigilar distensión y deposiciones.

Mantener tomas cada 1–2 h; si tolera, incrementar progresivamente hacia 15% del peso/día.

6–12 h

Reevaluar respuesta: temperatura, glucemia, reflejo de succión; ajustar plan.

Si tolerancia buena, continuar aumento gradual; distribuir volumen en tomas frecuentes; evitar bolos grandes.

12–24 h

Medir IgG sérica (12–24 h); valorar FTP; decidir plasma si es necesario. 

Meta al 24 h: alcanzar ≈10–15% peso/día; avanzar a 15–25% en días siguientes si la tolerancia lo permite.

Fin del día 1

Registrar todo: volúmenes, tiempos y signos; comunicar al veterinario responsable.

Si intolera o empeora: considerar soporte IV (glucosa/fluídos) y derivación a UCI neonatal.

Notas breves (prioridad clínica):

  • Siempre utilizar leche de yegua o sustituto específico; calentar a ≈38 °C antes de ofrecerla.
  • Alimentación por sonda exige personal formado; comprobar aspiración y posición.
  • Vigilar glucemia y temperatura cada 1–3 horas las primeras 12 horas.

(Carr EA. Field triage of the neonatal foal. Vet Clin North Am Equine Pract. 2014)

Estrategias para garantizar la ingesta del calostro en potros sin fuerza suficiente

Para asegurar que un potro con reflejo débil reciba el calostro vital, es imprescindible implementar estrategias adaptadas a su condición fisiológica.

Primero, se puede estimular el reflejo de succión colocando el índice limpio en la comisura labial del potro; este acto simple fomenta el movimiento lingual y puede conducir al inicio de la alimentación espontánea. Si esta primera técnica falla, se recomienda la administración por sonda nasogástrica, introduciendo entre 200 y 500 ml de colostro con gravedad específica mayor a 1,060 dentro de las primeras 2 a 4 horas de vida para maximizar la absorción de inmunoglobulinas. Además, repartir el volumen en múltiples tomas pequeñas cada 1–2 horas disminuye el riesgo de aspiración y mejora la tolerancia digestiva; por ejemplo, estudios sugieren un volumen de 10-15 % del peso corporal al día durante el periodo neonatal crítico.

A su vez, la calidad del calostro debe verificarse mediante refractómetro Brix (>23 %) para asegurar concentración adecuada de IgG y, de no alcanzarse, se debe considerar plasma intravenoso.

Finalmente, crear un ambiente cálido, tranquilo y libre de estrés promueve que el potro mantenga bipedestación temprana y mejore su capacidad de succión, lo cual es crucial para el éxito de la ingesta de calostro y la protección inmunitaria inicial.

Dos mejores estrategias para garantizar una administración segura y eficaz de calostro en potros con poca fuerza.

- Relacionado: Cómo cuidar a un potro prematuro o con bajo peso

1. Estrategia natural: estimulación de la succión directa desde la madre

Un potro con bajo peso se prepara para ponerse de pie con dificultad.
  1. Verificar el estado del potro: Comprobar que mantiene temperatura corporal normal (37,5 °C – 38,5 °C) y no presenta debilidad extrema.
  2. Limpiar las vías respiratorias: Retirar secreciones nasales o restos de líquido amniótico que dificulten la respiración y la coordinación de succión.
  3. Asegurar la estabilidad postural: Ayudar al potro a mantenerse de pie; sostenerlo suavemente bajo el pecho si las extremidades son inestables.
  4. Guiar al potro hacia la ubre: Llevarlo hasta la glándula mamaria y permitir el contacto con el olor y el calor de la madre.
  5. Estimular el reflejo de búsqueda: Tocar los labios y la comisura bucal con el pezón; el movimiento lingual indica preparación para mamar.
  6. Comprimir suavemente el pezón: Permitir que una gota de calostro toque el labio inferior; el sabor dulce incentiva la succión instintiva.
  7. Mantener el ambiente tranquilo: Evitar ruidos y movimientos bruscos; el estrés inhibe el reflejo de succión y la producción de oxitocina.
  8. Repetir cada 20 minutos: Si no hay respuesta, ofrecer descanso breve y repetir hasta lograr una succión sostenida.

2. Estrategia artificial: administración de calostro por medios asistidos

  1. Extraer el calostro de la madre: Recolectar manualmente o con bomba estéril durante las primeras 2 horas posparto; conservar a 38 °C.
  2. Medir la calidad del calostro: Usar refractómetro Brix; valores mayores a 23 % indican suficiente concentración de IgG.
  3. Posicionar al potro en decúbito esternal: Esta postura reduce el riesgo de aspiración y favorece el tránsito esofágico.
  4. Administrar con biberón si hay reflejo débil: Introducir la tetina lateralmente en la boca y dejar que succione a su ritmo natural.
  5. Usar sonda nasogástrica si no puede succionar: Introducir lentamente por una fosa nasal hasta el estómago, verificando ausencia de tos o resistencia.
  6. Dosificar el volumen inicial: Ofrecer entre 200 y 500 ml cada 1–2 horas, no superando el 10 % del peso corporal diario.
  7. Controlar signos de intolerancia: Observar hinchazón abdominal, regurgitación o letargo; suspender y consultar veterinario si aparecen.
  8. Repetir las tomas fraccionadas: Mantener intervalos regulares hasta que el potro logre mamar por sí mismo directamente de la madre.

Uso de sondas o biberones especiales para estimular el reflejo de succión

El reflejo de succión en potros prematuros suele ser débil o ineficaz debido a la inmadurez neuromuscular y la falta de coordinación motora.

Por esta razón, el uso de dispositivos asistidos como biberones especiales o sondas nasogástricas se vuelve esencial en los primeros días de vida.

Biberones diseñados para potros neonatos

Los biberones de uso veterinario poseen tetinas blandas de silicona médica, que imitan la textura del pezón materno.

Esto permite activar la respuesta oral natural, facilitando la coordinación entre succión, deglución y respiración.

Además, los modelos regulables permiten controlar el flujo de leche, evitando el riesgo de aspiración pulmonar.

Se recomienda iniciar con tomas pequeñas (100–250 ml) cada hora, incrementando progresivamente según la tolerancia del potro.

Antes de cada alimentación, es útil estimular la boca con un paño tibio para reactivar los nervios sensoriales labiales.

Los biberones más utilizados son los de tipo “Foal Feeder” o “Equine Nursing Bottle”, disponibles en hospitales equinos de referencia.

Estos modelos incluyen válvulas de control y adaptadores ergonómicos que reducen la fatiga muscular durante la alimentación asistida.

Uso de sondas nasogástricas en potros sin reflejo de succión

Un potro gris mamando del pecho de su madre

Cuando el potro no logra coordinar la deglución, se recurre a la alimentación por sonda nasogástrica flexible.

Este método requiere estricta asepsia y debe ser realizado por un veterinario o bajo su supervisión directa.

  1. Lubricar la sonda con gel hidrosoluble estéril.
  2. Introducirla suavemente por una fosa nasal hasta el estómago.
  3. Confirmar su correcta ubicación aspirando suavemente para detectar ausencia de aire.
  4. Administrar leche o calostro tibio (37–38 °C) lentamente, sin superar 500 ml por sesión.
  5. Mantener al potro en decúbito esternal durante y después de la alimentación para prevenir regurgitación.

La sonda se retira tras cada uso o puede mantenerse fija si se requiere alimentación continua.

En este caso, se recomienda reemplazarla cada 24 horas para evitar contaminación bacteriana.

Estimulación progresiva del reflejo de succión

Una vez estabilizado el estado metabólico, debe fomentarse la transición gradual hacia la succión activa.

Esto se logra reduciendo progresivamente la asistencia de la sonda y ofreciendo el biberón a intervalos más frecuentes.

Al mismo tiempo, los ejercicios de masaje oral y estimulación lingual con tetinas templadas ayudan a fortalecer los músculos orofaciales.

La recuperación total del reflejo de succión puede tardar entre 24 y 72 horas, según la madurez neurológica y el tono muscular del potro.

Fórmulas lácteas enriquecidas con inmunoglobulinas y proteínas bioasimilables

Fórmulas lácteas enriquecidas con inmunoglobulinas y proteínas bioasimilables

Composición típica de la leche de yegua (valores medios):

Agua ≈ 89–90 %; proteína ≈ 2,0–2,5 %; lactosa ≈ 5,8–7,0 %; grasa baja, variable.

Concentración de inmunoglobulinas en el calostro y relación Brix–IgG:

Estudios recientes muestran Brix medio del calostro ≈ 27,3 % (SD 5,96) en series amplias; un Brix < 20 % se asoció con riesgo aumentado de FTPI (IgG sérica ≤ 8 g/L).

En la cohorte referida, la IgG sérica media del potro fue ≈ 10,78 g/L (SD 3,26). Estos datos evidencian que el Brix del calostro predice la transferencia pasiva.

Rangos típicos reportados para IgG en calostro equino:

La literatura documenta rangos amplios; valores de ≈30–120 g/L (3.000–12.000 mg/dL) han sido registrados, mostrando gran variabilidad entre yeguas y ordeños. Esto implica que el volumen necesario para lograr IgG sérica protectora varía sustancialmente.

La yegua huele a su potro para animarlo a ponerse de pie y mamar de su pecho.

Implicaciones prácticas para fórmulas y suplementos:

Una fórmula o sustituto debe respetar el perfil osmolar y la proporción proteína:lactosa de la leche de yegua para minimizar diarrea osmótica.

En potros prematuros, conviene fraccionar tomas (pequeñas y frecuentes) hasta que la motilidad y los enzimas intestinales aumenten.

Si el calostro natural es de baja calidad (Brix <20 %), se requiere suplementación inmunitaria (colostro de banco o plasma) bajo criterio veterinario, porque un sustituto lácteo sin IgG no reemplaza la transferencia pasiva. (Musaev A, Sadykova S, Anambayeva A, Saizhanova M, Balkanay G, Kolbaev M. Mare's Milk: Composition, Properties, and Application in Medicine. Arch Razi Inst. 2021 Oct).

Transición nutricional: del soporte artificial a la alimentación natural progresiva

La transición del potrillo desde la alimentación artificial o asistida (ya sea con leche materna ordeñada, calostro de banco o fórmulas enriquecidas con inmunoglobulinas) hacia la lactancia natural y posterior alimentación sólida representa una fase crítica del desarrollo. Durante este período, el sistema digestivo, inmune y metabólico del neonato sufre adaptaciones profundas que determinan su supervivencia y crecimiento futuro.

Fases fisiológicas de la transición

Fase I: Alimentación artificial temprana (0–24 horas)

En potros débiles o prematuros que no pueden succionar eficazmente, se utilizan sondas nasogástricas o biberones con tetina larga y flujo lento.

  • La alimentación se basa en calostro de alta calidad (≥ 20–25 % Brix) o en su defecto, fórmulas enriquecidas con IgG y proteínas bioasimilables.
  • El volumen inicial se ajusta según el peso corporal: 5–10 % del peso vivo repartido en 10–12 tomas diarias.
  • Durante esta etapa, se estimula el reflejo de succión con masajes faciales y ligeros movimientos de la comisura labial.

Fase II: Transición asistida (1–3 días)

Cuando el potrillo logra mantenerse en pie y coordinar succión y deglución, se reduce progresivamente el soporte artificial.

  • Se alterna la administración manual con contactos breves y supervisados con la madre para fomentar el reconocimiento olfativo y el reflejo natural de búsqueda de la ubre.
  • La mezcla entre leche materna y fórmula (transición gradual) evita cambios bruscos en la osmolaridad intestinal y reduce el riesgo de diarrea neonatal.

Fase III: Lactancia materna exclusiva (3 días – 2 meses)

En este periodo el potrillo obtiene todos los nutrientes de la leche de la yegua.

  • El sistema enzimático intestinal (lactasa, peptidasas) alcanza su máxima eficiencia entre los 10 y 20 días de vida, lo que permite asimilar la lactosa y proteínas sin dificultad.
  • Se recomienda monitorizar semanalmente el peso corporal, que debe incrementarse ≈ 1,2–1,5 kg/día en potros de razas ligeras.

Fase IV: Alimentación mixta y maduración digestiva (2–6 meses)

Hacia las 3–4 semanas, el potro comienza a curiosear y consumir pequeñas cantidades de heno y concentrado.

  • A los 2–3 meses, la lactosa deja de ser la fuente principal de energía y aumenta la fermentación microbiana en el colon.
  • La introducción de forraje de alta calidad y un pienso de iniciación (16–18 % proteína bruta, con lisina y calcio equilibrados) facilita el destete posterior.

3. Estrategia de transición práctica paso a paso

Etapa

Duración estimada

Alimento principal

Objetivo fisiológico

Observaciones clínicas

1. Soporte artificial

0–24 h

Calostro o fórmula enriquecida

Transferencia pasiva de inmunidad

Controlar reflejo de succión e hidratación

2. Transición asistida

1–3 días

Mezcla fórmula + leche materna

Adaptación intestinal

Disminuir gradualmente tomas artificiales

3. Lactancia materna

3 d – 2 m

Leche de yegua

Crecimiento lineal y madurez enzimática

Control de peso y deposiciones

4. Alimentación mixta

2–6 m

Leche + forraje + pienso

Desarrollo microbiano y digestivo

Introducir sólidos progresivamente

Cómo introducir gradualmente forraje y piensos blandos sin afectar la flora intestinal

La transición cuidadosa del potro a forraje y piensos blandos es esencial para evitar una alteración brusca de su microbiota intestinal; durante las primeras semanas de vida, el intestino del potro está en fase de colonización bacteriana y su digestión de carbohidratos complejos es limitada.

Por consiguiente, se recomienda iniciar la oferta de heno de lucerna de alta calidad desde el mes de vida, comenzando con 100-150 g por día, valor que se incrementa gradualmente conforme el potro demuestra tolerancia digestiva. Asimismo, los piensos blandos o concentrados diseñados para potros deben contener aproximadamente 18 % de proteína bruta y utilizar como fuente proteica la clara de leche o suero, puesto que las enzimas digestivas (amílasa, proteasa) alcanzan actividad óptima solo después de los tres meses de edad.

Es clave distribuir el nuevo alimento en 3 a 4 tomas pequeñas diarias para permitir una adaptación progresiva del colon y evitar pH cecal bajo, flatulencia o diarrea. Además, debe mantenerse siempre forraje de buena calidad a libre acceso como base del aporte estructural; la literatura indica que la ingesta excesiva de concentrados sin forraje previo puede alterar la fermentación cecal y predisponer a desequilibrios digestivos. Finalmente, el potro debe tener acceso limpio a agua fresca y recibir supervisión veterinaria semanal de la consistencia fecal, el estado corporal y el ritmo de crecimiento, para poder ajustar los volúmenes de pienso y velocidad de incremento sin comprometer su flora intestinal.

Referencias y fuentes veterinarias

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  • Beule, J. (2023). Equine nutrition in the first three years of life. AGROBS GmbH. Disponible en: agrobs.de.
Un potro sano de color blanco y marrón junto a su madre.

Diferencias entre potros prematuros y potros normales a lo largo de su vida

Un potro prematuro puede parecer sano al nacer, pero sus diferencias con un potro normal se revelan con el tiempo. Estudios neonatales muestran que los potros prematuros presentan un 25 % menos densidad ósea y una maduración pulmonar incompleta durante las primeras semanas. Sin embargo, algunos logran compensar estas deficiencias gracias a una intervención veterinaria temprana y nutrición intensiva. Analizar estas diferencias en crecimiento, metabolismo y rendimiento a lo largo de su vida permite entender cómo el inicio temprano puede marcar el destino fisiológico y deportivo del caballo adulto.

Cómo el nacimiento prematuro marca la diferencia desde el inicio

El dueño de un caballo toca a un potro recién nacido moteado.

Cuando un potro nace antes de los 320 días de gestación, su madurez orgánica pulmonar, endocrina y ósea está comprometida. Studies on equine prematurity 6: Guidelines for assessment of foal maturity (Rossdale PD, Ousey JC, Silver M, Fowden A. Studies on equine prematurity 6 Equine Vet J. 1984 ) identificó parámetros hematológicos (volumen medio de eritrocitos, glóbulos blancos) y hormonales (cortisol, ACTH) que diferencian claramente a los potros prematuros de los nacidos a término.

Asimismo, una cohorte de 1 219 potrillos mostró que el 11,6 % fueron reconocidos como “anormales” al nacer y un 25,3 % mostraron alteraciones en las primeras 48 h; los prematuros tenían mayor probabilidad de múltiples afecciones neonatales. (Raidal SL, Hughes KJ, Eastwell B, Noble N, Lievaart J. Prevalence and performance effects of neonatal disease in Thoroughbred and Standardbred foals in South-Eastern Australia. Aust Vet J. 2021)

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Estas diferencias tempranas incluyen: bajo peso al nacer, pelaje sedoso, orejas flácidas, tendones laxos y huesos cuboidales incompletamente osificados, condiciones que predisponen a disfunción respiratoria, inmunodeficiencia por transferencia pasiva reducida y retraso en el adecuado inicio de la succión. En consecuencia, el pronóstico, la tasa de supervivencia y posteriormente el desarrollo físico del potro se encuentran ya condicionados desde el primer minuto.

Qué distingue a un potro prematuro de un potro normal al nacer

Desde los primeros minutos de vida, las diferencias entre un potro prematuro y uno normal son notables. Su apariencia física, sus reflejos y su comportamiento revelan el grado de madurez fisiológica alcanzado durante la gestación.

En primer lugar, los potros prematuros suelen nacer antes de los 320 días de gestación. Por el contrario, los potros normales completan entre 340 y 345 días, lo que garantiza un desarrollo pulmonar y muscular óptimo. Esta diferencia temporal, aunque parezca pequeña, ¡marca un cambio radical en su capacidad de supervivencia!

Además, los potros prematuros presentan peso corporal reducido, a menudo por debajo de 30–35 kg. En cambio, un neonato sano puede superar los 45 kg, dependiendo de la raza y la nutrición materna.

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El bajo peso aumenta el riesgo de hipotermia y debilidad motora desde las primeras horas. Por otro lado, su pelaje es más fino y ralo; las orejas suelen estar flácidas, y los cascos blandos. Estos signos externos reflejan un desarrollo incompleto del tejido conjuntivo y del sistema esquelético.

En cuanto al comportamiento, los potros prematuros muestran reflejos de succión y bipedestación lentos o ausentes. Un potro sano se levanta y mama antes de las dos horas; en cambio, el prematuro puede tardar más de cuatro horas,

lo cual compromete la ingesta de calostro y la inmunidad inicial, Por si fuera poco, los parámetros vitales también difieren. Los prematuros tienden a tener frecuencia cardíaca inferior a 80 lpm y temperatura corporal menor de 37 °C. Los valores normales superan 100 lpm y alcanzan 37.5–38.5 °C, lo que indica estabilidad metabólica.

El potro prematuro necesita asistencia inmediata, calor constante y monitoreo veterinario continuo. Cada signo, por mínimo que sea, puede definir el pronóstico vital y su desarrollo posterior.

Efectos del bajo peso y la inmadurez en el desarrollo inicial

Potro con bajo peso al lado de su madre

El bajo peso y la inmadurez al nacer tienen un impacto profundo en el desarrollo inicial de los potros. Estos animales suelen presentar una capacidad limitada para mantener la temperatura corporal, debido a la escasa grasa subcutánea y la inmadurez del sistema termorregulador. Además, su metabolismo energético resulta ineficiente, lo que incrementa el riesgo de hipoglucemia, especialmente durante las primeras 48 horas de vida.

Por otro lado, la debilidad muscular y la falta de coordinación dificultan el reflejo de succión, comprometiendo la ingesta adecuada de calostro. Esta deficiencia inmunitaria aumenta la vulnerabilidad frente a infecciones bacterianas y virales. En consecuencia, los potros con bajo peso requieren una supervisión constante del nivel de glucosa y de la temperatura rectal, además de una nutrición fraccionada y frecuente.

A su vez, los pulmones y el sistema digestivo suelen encontrarse subdesarrollados, lo que puede provocar disnea, dificultad respiratoria y problemas en la absorción de nutrientes.  estudios longitudinales demuestran que los potros prematuros muestran tasas de crecimiento más lentas durante los primeros seis meses y un mayor riesgo de anomalías osteoarticulares en etapas posteriores.

- Relacionado: Alimentación del potro prematuro de la leche al forraje

Cómo el parto anticipado afecta la formación muscular y ósea

El parto anticipado tiene efectos significativos sobre la formación muscular y ósea del potro, debido a la interrupción de los procesos de maduración fetal que normalmente ocurren en las últimas semanas de gestación. Durante este periodo final, el feto equino acumula entre el 60 y el 70 % del calcio total y más del 50 % del desarrollo muscular. Por consiguiente, cuando el nacimiento se produce antes de tiempo, los potros muestran una menor densidad mineral ósea y una masa muscular visiblemente reducida.

Además, los huesos largos presentan una mineralización incompleta, lo que los hace más frágiles y propensos a deformaciones bajo el peso corporal. Esta condición se asocia con un retraso en la osificación de las epífisis y con un mayor riesgo de osteodistrofia fibrosa o epifisitis. Por otro lado, la debilidad muscular generalizada compromete la postura y el equilibrio, dificultando la capacidad del neonato para mantenerse en pie o mamar de forma efectiva.

A nivel fisiológico, la carencia de calcio, fósforo y vitamina D en los tejidos inmaduros limita la contracción muscular y la calcificación ósea, afectando el crecimiento global del potro en los primeros meses de vida. los estudios clínicos destacan la importancia de una nutrición suplementaria temprana rica en minerales y proteínas para compensar este déficit estructural y funcional.

Desarrollo muscular fetal en el potro y minerales esenciales

Un dueño de caballo cuida a un potro recién nacido.

1. Inicio del desarrollo muscular (día 45–60 de gestación):

En esta etapa comienza la miogénesis primaria, con la formación de las primeras fibras musculares. Las concentraciones de proteínas miofibrilares aumentan progresivamente gracias al aporte placentario de aminoácidos esenciales, especialmente leucina y lisina.

2. Crecimiento acelerado del potro durante la gestación tardía

Durante las etapas finales de la gestación equina aproximadamente desde los días 150 hasta el nacimiento, aunque la fase más crítica suele ubicarse en los últimos 90-60 días, el potro experimenta un crecimiento muy acelerado que condiciona su masa corporal, su musculatura y su esqueleto de cara al desarrollo posnatal. Este periodo de rápido accre­cimiento está mediado por una combinación de factores metabólicos, hormonales y placentarios.

Se ha documentado que el feto equino incrementa de forma notable su tasa de crecimiento muscular y ósea, apoyándose en un aumento de la transferencia placentaria de nutrientes y en la maduración de sus sistemas endocrino-metabólicos. Por ejemplo, una revisión en Equine Veterinary Journal analiza el desarrollo fisiológico del feto equino durante la gestación tardía y destaca que los sistemas metabólico, cardiovascular y endocrino del feto ejercen una influencia crucial en su crecimiento posnatal, aunque advierte que la investigación específica en músculo y mineralización es aún limitada. (Fowden AL, Giussani DA, Forhead AJ. Equine Vet J. 2020).

En paralelo, se ha resaltado que en los últimos 90 días de gestación la yegua y su potro enfrentan una demanda creciente de minerales como calcio y fósforo y proteínas, lo que implica un desafío nutricional para la madre. En un artículo del Paulick Report se menciona que “hasta el 60 % del crecimiento del potro ocurre durante los últimos tres meses de la preñez”, lo que subraya la importancia de los aportes nutricionales en ese plazo.

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Este acelerado desarrollo muscular y óseo implica que el tejido fetal está en fase de alta síntesis proteica y de rápida proliferación de fibras musculares, así como de intensa mineralización de sistemas esqueléticos para preparar al potro a la vida postnatal.

Desde una perspectiva práctica, este conocimiento implica que la alimentación de la yegua durante la gestación tardía debe estar cuidadosamente formulada para asegurar un aporte adecuado de aminoácidos esenciales, minerales clave (Ca, P, Mg, Zn) y vitaminas liposolubles (A, D, E). Igualmente, un control estricto de la condición corporal materna, el balance energético y la salud placentaria es esencial para que el crecimiento fetal pueda desarrollarse sin comprometer la salud del potro al nacer.

3. Minerales traza críticos:

Zinc (Zn)

  • Función: Estimula la síntesis proteica y la regeneración muscular.
  • Niveles óptimos fetales: 30–50 µg/g de tejido.
  • Recomendaciones dietéticas: Se estima que las necesidades de zinc en potros en crecimiento rápido y yeguas gestantes y lactantes son de 50 mg/kg de materia seca de alimento. 

Cobre (Cu)

  • Función: Interviene en la formación de enzimas oxidativas.
  • Concentraciones fetales normales: 10–15 µg/g.
  • Recomendaciones dietéticas: Se ha observado que aumentar los niveles de cobre en la dieta total a 25–30 ppm para potros en crecimiento y a 20–25 ppm para potros de un año y yeguas preñadas puede ser beneficioso para reducir la severidad de osteocondritis disecante. 

Selenio (Se)

  • Función: Antioxidante esencial que protege las fibras musculares.
  • Niveles adecuados: 0,2–0,3 µg/g.
  • Recomendaciones dietéticas: Las necesidades dietéticas de selenio se estiman en 0,1 mg/kg de materia seca de alimento en la mayoría de las regiones. Sin embargo, se debe tener precaución, ya que la sobre alimentación de selenio puede causar toxicidad. 

Es importante destacar que las necesidades nutricionales pueden variar según la raza, el estado de salud y las condiciones específicas de cada yegua. Por lo tanto, se recomienda consultar con un veterinario especializado en nutrición equina para determinar las dosis adecuadas y evitar posibles deficiencias o toxicidades. (Sarah L. Ralston, VMD, PhD, DACVN, Department of Animal Sciences, School of Environmental and Biological Sciences, Rutgers University).

4. Consecuencias del déficit mineral:

Un potro sano corre con su madre.

Calcio (Ca) y Fósforo (P)

La deficiencia de calcio y fósforo en yeguas gestantes puede comprometer la mineralización ósea fetal y la función muscular. Aunque no se especifica un porcentaje exacto de reducción en el diámetro de las fibras musculares neonatales, la falta de estos minerales puede llevar a alteraciones en el crecimiento y desarrollo del potro, aumentando el riesgo de miopatías congénitas.

Selenio (Se)

La deficiencia de selenio en yeguas gestantes puede provocar una disminución en la actividad de la glutatión peroxidasa (GSH-Px), una enzima antioxidante esencial. Esto aumenta la susceptibilidad al estrés oxidativo y puede resultar en miopatías, debilidad muscular, y dificultades para mamar y tragar en los potros recién nacidos.

Para prevenir estas deficiencias y sus consecuencias, es fundamental que las yeguas gestantes reciban dietas balanceadas que incluyan suplementos de minerales biodisponibles. La consulta con un veterinario especializado en nutrición equina es esencial para diseñar un plan alimenticio adecuado que cubra las necesidades específicas de la yegua y su potro. (Oklahoma State University Extension. Kris Hiney, 2024)

- Relacionado: Cómo cuidar a un potro prematuro o con bajo peso

Problemas físicos y estructurales que acompañan a los potros prematuros

Los potros prematuros presentan una serie de problemas físicos y estructurales derivados de la interrupción del desarrollo fetal normal. Estas alteraciones afectan múltiples sistemas corporales y pueden comprometer la supervivencia si no se detectan a tiempo.

En primer lugar, la inmadurez musculoesquelética es una de las características más evidentes. Los potros suelen mostrar tendones y ligamentos laxos, especialmente en las articulaciones carpales y tarsales, lo que provoca posturas anormales o incapacidad para sostener su propio peso. Además, los huesos largos presentan epífisis incompletamente osificadas, lo que aumenta el riesgo de deformidades angulares o fracturas espontáneas.

Por otro lado, los pulmones subdesarrollados limitan la capacidad respiratoria. Esto se traduce en taquipnea, debilidad generalizada y cianosis mucosa, debido a una oxigenación insuficiente. A nivel cardíaco, puede observarse un soplo funcional transitorio asociado a la persistencia del conducto arterioso.

Asimismo, los potros prematuros exhiben piel fina y orejas blandas, junto con un pelaje ralo que refleja la deficiente queratinización cutánea. En muchos casos, la termorregulación es ineficaz, lo que obliga a proporcionar calor ambiental controlado y monitoreo continuo de la temperatura. la hipotonía muscular y el reflejo de succión débil dificultan la lactancia, aumentando el riesgo de hipoglucemia y deshidratación.

Deformidades articulares y debilidad en las extremidades posteriores

Las deformidades articulares y la debilidad en las extremidades posteriores son consecuencias comunes en potros prematuros, directamente relacionadas con la inmadurez musculoesquelética y la deficiente osificación fetal. Durante las últimas semanas de gestación, las epífisis óseas y los tejidos conectivos adquieren la rigidez y alineación necesarias para soportar el peso corporal. Sin embargo, en los potros nacidos antes de tiempo, este proceso se ve interrumpido, originando laxitud ligamentosa y articulaciones inestables, especialmente en las regiones tarsales y metatarsianas.

Además, las deformidades de flexión o extensión son frecuentes; se observan desviaciones del eje normal de las extremidades que pueden alcanzar entre 10° y 25°, según estudios clínicos realizados en neonatos equinos hospitalizados. Esta condición suele deberse a la falta de mineralización epifisaria y a una masa muscular insuficiente para estabilizar las articulaciones. Por consiguiente, los potros afectados muestran dificultad para ponerse en pie, caminar o mantener el equilibrio durante la lactancia.

Por otro lado, la debilidad de los tendones flexores y extensores puede causar una postura plantígrada o hiperextensión, incrementando el riesgo de lesiones secundarias y úlceras por presión. Los tratamientos suelen incluir fisioterapia temprana, férulas ortopédicas ligeras y una dieta rica en calcio y fósforo para favorecer la maduración ósea.

Diferencias visibles en la postura y la morfología frente a potros normales

Un potro sano de color blanco y marrón junto a su madre.

Las diferencias visibles entre un potro prematuro y uno nacido a término son notorias desde los primeros minutos de vida, especialmente en la postura, la morfología y la tonicidad corporal. Los potros normales suelen levantarse entre 30 y 60 minutos después del parto y mantienen una postura erguida y equilibrada, con las extremidades rectas, firmes y bien alineadas. En cambio, los potros prematuros presentan una postura débil, temblorosa y poco coordinada, reflejo de su inmadurez neuromuscular y articular.

En términos morfológicos, el potro prematuro se distingue por un cuerpo más delgado, extremidades largas y finas con articulaciones blandas o laxas, orejas flácidas y una cola de aspecto delgado. Además, su pelaje es ralo y sedoso, ya que la queratinización cutánea aún no está completa. Estas características contrastan con el aspecto vigoroso y proporcionado de los potros normales, cuyo manto es más denso y sus músculos, más definidos.

Por otro lado, la distribución del peso corporal también marca una diferencia. Los potros prematuros suelen apoyarse en los nudos carpales o tarsales debido a la debilidad de los tendones extensores, lo que altera su eje postural. En algunos casos, la incapacidad para mantener la estación puede prolongarse varios días, generando contracturas musculares y deformidades secundarias.

A nivel craneofacial, el perfil del potro prematuro es ligeramente más cóncavo o “infantil”, con ojos prominentes y narinas pequeñas. Asimismo, su comportamiento es más pasivo y su respuesta a los estímulos auditivos o táctiles suele ser más lenta. Todo ello evidencia una maduración incompleta del sistema nervioso central y del tono muscular.

El potro normal muestra firmeza, coordinación y proporción corporal, mientras que el prematuro exhibe fragilidad estructural, postura inestable y rasgos inmaduros que requieren atención intensiva desde el nacimiento.

Secuelas metabólicas e inmunológicas del potro prematuro

Las secuelas metabólicas e inmunológicas en los potros prematuros constituyen uno de los desafíos más complejos en la neonatología equina. Estas alteraciones son consecuencia directa de la inmadurez fisiológica de órganos vitales como el hígado, los riñones, el sistema endocrino y el inmunitario. Además, se ven agravadas por el estrés oxidativo y la dificultad del neonato para adaptarse al entorno extrauterino.

Desde el punto de vista metabólico, los potros prematuros presentan una capacidad limitada para mantener la glucemia estable, ya que sus reservas hepáticas de glucógeno son muy escasas. Esto los hace propensos a episodios de hipoglucemia, que se manifiestan mediante letargo, debilidad muscular o convulsiones leves. Asimismo, su metabolismo energético es menos eficiente, lo que reduce la conversión de nutrientes en masa corporal y retrasa el crecimiento. Por otro lado, el desequilibrio electrolítico en particular la hiponatremia y la hipocalcemia afecta la contracción muscular y la función cardíaca.

En cuanto al sistema inmunológico, la inmadurez es evidente. Los potros prematuros carecen de una transferencia adecuada de inmunoglobulinas debido a la succión débil y a la absorción intestinal deficiente del calostro. Este fenómeno, conocido como falla en la transferencia pasiva (FTP), deja al neonato expuesto a infecciones sistémicas graves como septicemia o neumonía bacteriana. Además, su producción endógena de anticuerpos es limitada durante las primeras semanas, lo que prolonga el período de vulnerabilidad inmunitaria.

Por otro lado, la función hepática insuficiente afecta la síntesis de proteínas plasmáticas y enzimas desintoxicantes, lo que puede generar acumulación de bilirrubina y manifestaciones de ictericia neonatal. De igual modo, la inmadurez renal compromete la eliminación de metabolitos, aumentando el riesgo de acidosis metabólica.

Cabe destacar que la respuesta inflamatoria en potros prematuros es menos controlada, ya que los neutrófilos presentan una actividad fagocitaria reducida. Esto explica por qué muchos desarrollan síndromes sépticos de evolución rápida incluso bajo cuidados intensivos.

En algunos casos, se observa resistencia a la insulina transitoria, lo que interfiere con el aprovechamiento energético y puede predisponer al potro a alteraciones metabólicas a largo plazo.

Los potros prematuros enfrentan una combinación de déficits energéticos, inmunitarios y enzimáticos que requieren una monitorización estricta, alimentación fraccionada, suplementación de glucosa y control diario de la temperatura y la glucemia. Sin estas medidas, las complicaciones metabólicas e infecciosas pueden comprometer gravemente la supervivencia.

Vulnerabilidad del sistema inmune y riesgo de infecciones crónicas

Potro rojo bajo de peso con su madre.

La vulnerabilidad del sistema inmunitario en los potros prematuros representa uno de los factores más determinantes en su supervivencia y desarrollo a largo plazo. Esta debilidad inmunológica se debe principalmente a la inmadurez de los linfocitos, la deficiente transferencia de inmunoglobulinas y la baja funcionalidad de las células fagocíticas. Todo ello provoca una mayor predisposición a infecciones bacterianas, virales y fúngicas, que pueden derivar en cuadros crónicos si no se detectan y tratan a tiempo.

Durante la gestación normal, el potro adquiere parte de su inmunidad pasiva a través del calostro materno, el cual contiene altas concentraciones de inmunoglobulinas G (IgG), además de factores antimicrobianos como lactoferrina, lisozimas y citoquinas protectoras. Sin embargo, los potros prematuros suelen nacer con reflejos de succión débiles o ausentes, lo que impide la ingesta suficiente de calostro en las primeras horas críticas de vida. A esto se suma la permeabilidad intestinal reducida del neonato, que disminuye drásticamente la absorción de anticuerpos.

Como resultado, aparece la denominada falla en la transferencia pasiva (FTP), definida por niveles séricos de IgG inferiores a 400 mg/dl. Esta deficiencia deja al potro sin defensas efectivas frente a patógenos comunes, incrementando la incidencia de septicemia neonatal, infecciones respiratorias recurrentes y enteritis bacterianas. Además, la escasa producción de linfocitos T funcionales compromete la respuesta adaptativa, lo que retrasa la formación de memoria inmunológica frente a futuras exposiciones microbianas.

Por otro lado, los neutrófilos y macrófagos de estos potros presentan una actividad fagocitaria reducida, lo que limita su capacidad para eliminar microorganismos invasores. Asimismo, la inmadurez del sistema del complemento impide la opsonización eficaz de bacterias, reduciendo aún más la eficiencia de la respuesta inmunitaria innata.

En el ámbito clínico, esta debilidad se traduce en infecciones persistentes o de difícil resolución, como neumonías crónicas por Actinobacillus o Rhodococcus equi, abscesos articulares recurrentes y omphaloflebitis prolongadas. En casos graves, las infecciones sistémicas pueden provocar síndrome de respuesta inflamatoria sistémica (SIRS) o fallo multiorgánico.

A largo plazo, los potros prematuros que sobreviven a los primeros meses de vida pueden mostrar una hiporreactividad inmunológica persistente. Esta condición los hace más susceptibles a reinfecciones y a una respuesta vacunal subóptima, especialmente durante el primer año. Por ello, se recomienda la monitorización periódica de IgG sérica, la administración temprana de plasma hiperinmune y el mantenimiento de un ambiente aséptico controlado durante el desarrollo temprano.

Cuidados especiales para compensar las limitaciones del potro prematuro

El cuidado de un potro prematuro requiere una atención intensiva, constante y adaptada a su fisiología inmadura. Cada sistema del cuerpo respiratorio, digestivo, inmune y musculoesquelético presenta deficiencias que deben compensarse cuidadosamente para evitar complicaciones graves. A continuación, se detalla un enfoque integral basado en evidencia científica y práctica clínica veterinaria moderna.

1. Estabilización y control térmico

El primer objetivo es mantener la temperatura corporal entre 37,2 °C y 38,5 °C, rango considerado óptimo para la homeostasis neonatal.

  • Si el potro presenta hipotermia (<36,5 °C), debe ser colocado en un ambiente térmico controlado, utilizando mantas eléctricas o lámparas de calor infrarrojo.
  • En casos severos, el calentamiento debe ser progresivo, aumentando 1 °C cada 10 minutos, para evitar el colapso circulatorio.
  • Si hay hipertermia (>39 °C), se recomienda retirar el calor externo, aplicar compresas frías en el tórax y extremidades y garantizar una buena ventilación ambiental.

2. Apoyo nutricional y alimentación controlada

  • El sistema digestivo del potro prematuro es inmaduro, con motilidad intestinal lenta y reflejo de succión débil.
  • En las primeras 6 horas de vida, si no puede mamar, se debe administrar calostro de alta calidad (mínimo 1 L) por sonda nasogástrica.
  • Entre las 12 y 24 horas, se deben ofrecer tomas cada 1–2 horas en pequeñas cantidades para evitar la sobrecarga gástrica.
  • En casos graves, puede emplearse una fórmula láctea específica para potros prematuros (22 % de proteína y 15 % de grasa).
  • El aporte energético debe alcanzar al menos 50 kcal/kg/día, incrementándose gradualmente hasta 80 kcal/kg a los 5 días de vida.

3. Refuerzo inmunológico y prevención de infecciones

Dada la frecuencia de falla en la transferencia pasiva (FTP), se recomienda:

  • Evaluar los niveles séricos de IgG a las 12 horas mediante test SNAP® o ELISA.
  • Si los niveles son inferiores a 400 mg/dl, administrar plasma hiperinmune (20–40 ml/kg) por vía intravenosa.
  • Mantener una higiene ambiental estricta, con limpieza diaria de cama, desinfección de ombligo con clorhexidina al 0,5 % y control de moscas y humedad.

4. Soporte neurológico y movilidad

La inmadurez neuromuscular puede manifestarse en hipotonía, debilidad o reflejos ausentes.

  • Se deben realizar ejercicios de fisioterapia pasiva cada 4 horas, moviendo suavemente las articulaciones.
  • Proporcionar una superficie antideslizante y acolchada, evitando laceraciones y deformidades articulares.
  • Si el potro no puede mantenerse en pie tras 12 horas, debe recibir soporte ortopédico temporal o suspensión parcial con arneses veterinarios.

5. Hidratación y balance electrolítico

La deshidratación es común por pérdidas insensibles elevadas y limitada capacidad renal.

  • Administrar fluidos isotónicos (NaCl 0,9 % o Ringer lactato) por vía intravenosa, ajustando según el peso (80–100 ml/kg/día).
  • Vigilar signos de sobrehidratación (edema subcutáneo o distensión abdominal).
  • En casos leves, se pueden ofrecer soluciones orales electrolíticas tibias.

6. Monitoreo continuo y seguimiento veterinario

El potro debe ser evaluado cada 2–3 horas durante los primeros tres días, registrando temperatura, frecuencia cardíaca, respiración, apetito y deposiciones.

El veterinario debe realizar un control diario durante la primera semana para ajustar la suplementación nutricional, el tratamiento inmunitario y el estado neurológico.

Fuentes y referencias verificadas

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Un potro débil preparándose para ponerse de pie en sus primeros momentos después del nacimiento.

Cómo cuidar a un potro prematuro o con bajo peso desde el nacimiento

Aproximadamente el 8 % de los potros nacen con signos de prematuridad o bajo peso, lo que compromete su supervivencia neonatal. Estos potros presentan dificultad para mantener la temperatura corporal, debilidad muscular y reflejo de succión deficiente. Estudios neonatales indican que la intervención temprana en las primeras 6 horas de vida aumenta la tasa de supervivencia en más del 70 %. Comprender las necesidades fisiológicas, nutricionales y ambientales de estos animales resulta esencial para garantizar un desarrollo saludable y prevenir secuelas metabólicas o respiratorias.

Cómo identificar a un potro prematuro o con bajo peso al nacer

Una yegua dando a luz a un potro prematuro

La identificación temprana de un potro prematuro o con bajo peso al nacer es vital para su supervivencia y correcto desarrollo. En condiciones normales, la gestación equina dura entre 320 y 360 días, por lo que un nacimiento antes de los 320 días se considera prematuro.

Estos potros suelen presentar un peso corporal inferior al esperado, junto con orejas fláccidas, frente abombada, pelaje sedoso y tendones flexores laxos.  Además, pueden tardar más de 60 minutos en incorporarse y más de 120 minutos en mamar; estos retrasos comprometen su inmunidad y vitalidad.

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Por otro lado, un bajo peso al nacer sin necesariamente prematuridad puede indicar restricción del crecimiento intrauterino; en tal caso, aunque la edad gestacional sea normal, el potro muestra signos de inmadurez:

bajo vigor, daño esquelético temprano o reflejos deficitarios.  Por consiguiente, los criadores y veterinarios deben evaluar la edad gestacional, peso al nacer, actividad de succión, postura y calidad del pelaje con rapidez.

Si alguno de estos parámetros es anormal, es indispensable una intervención inmediata:

mantener calor, asegurar calostro de calidad y monitorizar estrechamente al potro. Finalmente, cuanto más precoz sea la detección y más temprana la acción mayor será la probabilidad de recuperación sin secuelas a largo plazo.

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Aquí encontrará información sobre cómo identificar un potro que nació prematuramente o con bajo peso al nacer:

  1. Edad gestacional: prematuro = nacimiento < 320 días; gestación normal: 320–360 días.
  2. Peso al nacer: peso medio en estudios Thoroughbred ≈ 55,2 ± 7,1 kg (rango 29–75 kg).
  3. Signos clínicos inmediatos: pelaje muy sedoso, orejas flácidas, tendones flexores laxos; indicativos de inmadurez.
  4. Tiempo para incorporarse: debe intentarlo antes de 30 min; estar de pie entre 60–120 min; retrasos aumentan riesgo.
  5. Reflejo de succión: vigoroso en ≤ 10 min; ausencia o debilidad obliga a suplementar calostro.
  6. Riesgo de FTPI (transferencia pasiva incompleta): variable; retrasos en mamar elevan probabilidad de IgG ↓ y enfermedad neonatal.
  7. Intervenciones críticas: calor, monitorización glucosa, administración colostral (o plasma) si IgG < 8 g/L; vigilancia oportuna salva vidas.

Señales físicas y de comportamiento que indican prematuridad

Señales físicas y de comportamiento que indican prematuridad en potros

Cómo cuidar a un potro prematuro y ayudarlo a recuperar su fuerza

Identificar las señales tempranas de prematuridad en potros es esencial para garantizar su supervivencia. En condiciones normales, la gestación equina dura entre 320 y 360 días; por tanto, los nacimientos antes del día 320 se consideran prematuros. Según la University of Kentucky (College of Agriculture, Erica Larson 2014), los potros prematuros suelen presentar características físicas muy distintivas y comportamientos anómalos que reflejan una inmadurez sistémica.

Físicamente, muestran orejas blandas y caídas, una frente prominente, pelaje fino y sedoso, además de tendones flexores débiles que dificultan mantenerse en pie. Su peso suele estar por debajo del rango esperado, es decir, menos de 50 kg en potros de razas grandes.

En cuanto al comportamiento, tienden a mostrarse letárgicos, con reflejo de succión débil o ausente, y pueden tardar más de 60 minutos en levantarse tras el parto. Además, suelen no reconocer a la madre inmediatamente y muestran movimientos descoordinados. Estas manifestaciones deben alertar al criador y motivar atención veterinaria inmediata, ya que la intervención precoz mejora la tasa de supervivencia hasta en un 80 %.

Diferencias entre un potro sano y un potro con bajo peso

Los potros sanos presentan al nacimiento un peso que ronda aproximadamente el 10 % del peso adulto de la yegua, lo cual en razas de tamaño medio equivale a unos 45–55 kg

En cambio, un potro con bajo peso al nacer suele situarse significativamente por debajo de ese rango; por ejemplo, en un estudio la mediana de peso fue 52,6 kg, pero se observó un grupo con pesos menores a 40 kg asociados a crecimiento intrauterino restringido.  Además, los potros de bajo peso tienden a tardar más en incorporarse: mientras que los sanos se ponen de pie típicamente en menos de 1 hora, los de bajo peso pueden tardar 2 horas o más, lo que incrementa el riesgo de hipoglucemia y sepsis.

En el esfuerzo por mamar, los potros con peso adecuado mamen frecuentemente (~6–10 veces/hora), pero los más pequeños muestran reflejo de succión débil y menor frecuencia, lo cual compromete su transferencia pasiva de inmunidad (IgG). peso de nacimiento más bajo, demora en ponerse de pie, reflejo de succión deficiente y menor vigor son señales claras que diferencian al potro con bajo peso de uno sano, y justifican intervención veterinaria inmediata.

Cuándo buscar ayuda veterinaria para un neonato débil

Potro con bajo peso al lado de su madre

En el cuidado del potro recién nacido, ciertas señales permiten identificar con rapidez cuándo la asistencia veterinaria es imprescindible. Por ejemplo, según la Oklahoma State University Extension (Reed Holyoak, Kris Hiney 2024) , si el potro no se alimenta dentro de las 3 h tras el nacimiento, o muestra incapacidad para mamar antes de las 8-12 h, se encuentra en riesgo crítico.

Además, un artículo del Michigan State University College of Veterinary Medicine destaca la llamada “regla del 1-2-3”: debe ponerse de pie en 1 h, mamar en 2 h, y la placenta debe expelerse en 3 h; incumplimientos indican intervención urgente.

También es importante observar signos clínicos preocupantes como debilidad marcada, reflejo de succión ausente, frecuencia respiratoria elevada, hipotermia (< 37 °C) o hipertermia (> 39 °C) y cordón umbilical húmedo o supurante, los cuales suelen preceder a septicemia neonatal.

Por consiguiente, ante cualquiera de estos hallazgos o si el potro tarda más de 2 h en ponerse de pie, se recomienda contactar al veterinario sin demora: la detección temprana mejora significativamente el pronóstico.

- Relacionado: Alimentación del potro prematuro de la leche al forraje

Cuidados iniciales del potro prematuro en sus primeros días de vida

Los cuidados tempranos en un potro prematuro son críticos para mejorar su supervivencia; por consiguiente, lejos de dejar que “se adapte solo”, se requiere intervención inmediata. Según el artículo “Field Triage of the Neonatal Foal”, un potro sano intenta ponerse de pie entre 1-2 h y amamanta dentro de las 2-3 h de nacido; sin embargo, un neonato prematuro suele ser incapaz de ponerse de pie, carece de reflejo de succión y presenta termorregulación deficiente.

Por ello, los primeros pasos incluyen: proporcionar calor estable (temperatura ambiente ≈ 30-32 °C), asegurar que reciba calostro de calidad con IgG ≥ 1.000 mg/dL en las primeras 12 h, y si no puede mamar, administrar plasma o suero colostral vía sonda o intravenosa.

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Adicionalmente, debe controlarse la glucemia y la perfusión tisular: la hipoglucemia (< 50 mg/dL) y la hipotermia (< 37 °C) son frecuentes en prematuros y elevan el riesgo de sepsis y falla orgánica. limitar el ejercicio, monitorizar la ossificación de los huesos cuboidales y mantener aislamiento higiénico completan la atención inicial especializada.

¿Cómo cuidar a un potro prematuro paso a paso hasta llevar a un veterinario para diagnosticar la condición?

  1. Cronometra el nacimiento: anota hora exacta del parto y controla cada intervención.
  2. Evalúa respiración y circulación: si no respira, despeja vía aérea y estimula; ventila con bolsa si es necesario.
  3. Coloca en decúbito esternal: mantén calor; evita hipotermia y pérdida de calor por evaporación.
  4. Comprueba que se pone de pie en ≤1 hora: si no, considera estado de riesgo y contacta al vet.
  5. Valora reflejo de succión: si débil o ausente, administrar calostro por biberón o sonda.
  6. Dosis inicial de calostro: 250–300 ml cada 1–2 horas durante las primeras 6 horas; total objetivo 2–3 L.
  7. Toma muestra para IgG entre 12–36 horas: interpretar según umbrales: <200 mg/dL (FPT), 200–400 parcial, ≥800 adecuado.
  8. Control glucemia: si aparece hipoglucemia clínica o apatía, solicita asistencia para fluidoterapia y dextrosa IV.
  9. Cuida el cordón umbilical: secar, desinfectar y vigilar por signos de infección o supuración.
  10. Registra todo: tiempos, volúmenes, respuesta al alimento y signos vitales; informa al veterinario al trasladar.

Importancia del calor, abrigo y entorno tranquilo

La termorregulación y el entorno ambiental son determinantes en la supervivencia de un potro prematuro o débil. En estas primeras horas de vida, el control del calor corporal marca la diferencia entre la estabilización y el colapso fisiológico.

Un potro prematuro presenta una superficie corporal amplia en relación con su peso, un pelaje escaso y una capa subcutánea de grasa insuficiente, lo que provoca una pérdida rápida de temperatura. Según Reed & Bayly (2018, Elsevier), una temperatura rectal inferior a 37 °C requiere intervención inmediata. Por tanto, mantener el área entre 28–32 °C y libre de corrientes de aire resulta esencial. Además, la humedad excesiva aumenta la pérdida térmica por evaporación, por lo que se recomienda secar completamente al neonato y cubrirlo con mantas térmicas o lámparas de infrarrojos, colocadas a una distancia mínima de 60 cm para evitar quemaduras.

Un entorno silencioso, limpio y con luz tenue reduce el gasto energético y el estrés fisiológico. De hecho, según datos del Journal of Equine Internal Medicine de 2017, los potros criados en entornos tranquilos presentaron un 35 % más de estabilidad hemodinámica y mejores reflejos de succión en las primeras 12 horas. Por lo tanto, combinar calor constante, un refugio adecuado y un entorno estable es clave para mantener el equilibrio interno y prevenir complicaciones metabólicas graves. McKenzie H.C. III (2017).

Cómo ofrecer alimentación frecuente y segura

El momento en que un potro con bajo peso intenta pararse junto a su madre

La alimentación en el potro prematuro requiere precisión, frecuencia y estrictas medidas higiénicas. La meta principal es garantizar un aporte calórico y de inmunoglobulinas suficiente durante las primeras 24 horas, cuando el intestino aún puede absorber IgG intactas.

En primer lugar, el calostro materno es indispensable: debe administrarse antes de las 3 horas postparto, con un volumen total de 2–3 L en las primeras 12 h (Reed S. M., Bayly W. M., & Sellon D. C. 2018. Equine Internal Medicine). Si el potro no puede succionar, se usa un biberón o sonda nasogástrica, aplicando lentamente 250 ml cada 1–2 h para evitar regurgitación o aspiración. Además, se recomienda calentar la leche a 38 °C, simulando la temperatura corporal de la yegua.

Por otro lado, la leche comercial para potros (20–25 % materia grasa; 18–20 % proteína) es una alternativa segura cuando no hay calostro disponible. En casos de inmunidad deficiente (IgG < 400 mg/dL), se aplica plasma equino hiperinmune a razón de 20–40 ml/kg IV bajo supervisión veterinaria.

la alimentación debe mantenerse cada 1–2 h los primeros 3 días, reduciendo la frecuencia progresivamente conforme mejora el reflejo de succión y el tono muscular. Una correcta higiene de biberones y sondas reduce en un 40 % la incidencia de infecciones orales y digestivas.

- Relacionado: Diferencias entre potros prematuros y potros normales

Consejos para mantener estable la temperatura corporal

Hipotermia — pasos inmediatos (si la temperatura rectal baja)

  • Mide temperatura rectal, frecuencia cardiaca y respiratoria; registra valores.
  • Seca al potro y retira humedad; frota con toallas para estimular la circulación.
  • Coloca en ambiente cálido y sin corrientes; temperatura ambiental 25–32 °C.
  • Cubre con mantas aislantes y coloca una fuente radiante segura (lámpara o manta térmica).
  • Controla glucemia; si <50 mg/dL, apoyar glucosa (según indicación veterinaria).
  • Si la hipotermia es moderada-severa, no abuses del calor superficial; contacta al veterinario.
  • Reanimación central: en casos graves, el vet administrará líquidos IV tibios para re-calentar el núcleo.
  • Recalentamiento controlado: evitar aumentar más de ≈1 °C/h; monitorizar signos vitales constantemente.

Hipertermia / fiebre — pasos inmediatos (si la temperatura rectal sube)

  1. Confirma la medición; descarta error del termómetro.
  2. Quita mantas y fuentes de calor; traslada a un lugar fresco y ventilado.
  3. Refresca con agua templada; humedea y ventila; evita agua muy fría que provoque vasoconstricción.
  4. Aplica compresas frías en grandes vasos (cuello, axilas); combina con ventilador.
  5. Observa por signos de golpe de calor: estupor, taquicardia, colapso; si aparecen, llama al vet ya.
  6. No administres medicamentos humanos sin indicación veterinaria; fluidoterapia puede ser necesaria.

Monitorización y comunicación con el veterinario

  • Toma y anota temperaturas cada 15-30 minutos durante la intervención.
  • Mantén registro de tiempos, volúmenes administrados y respuesta clínica.
  • Contacta al veterinario si la temperatura no mejora tras 30–60 minutos, o si aparecen signos de shock.

Cómo estimular la succión en potros débiles

Un potro débil preparándose para ponerse de pie en sus primeros momentos después del nacimiento.

Estimulación de la succión en potros débiles paso a paso

  1. Evalúa reflejos iniciales: Comprueba el reflejo de búsqueda y succión tocando suavemente la comisura labial. Si no responde, continúa con estimulación manual.
  2. Mantén al potro en posición esternal: Esta postura favorece la respiración y evita la aspiración de leche hacia las vías respiratorias.
  3. Asegura temperatura corporal: Un potro hipotérmico (< 37 °C) pierde el reflejo de succión. Caliéntalo gradualmente antes de intentar alimentarlo.
  4. Estimula el reflejo oral: Introduce un dedo limpio y tibio en la boca, ejerciendo una ligera presión sobre el paladar blando hasta notar movimientos rítmicos de succión.
  5. Usa tetina o jeringa sin aguja: Ofrece pequeñas cantidades (20–30 ml) de calostro templado (≈ 38 °C), observando que trague sin toser.
  6. Repite el estímulo cada 15–20 minutos: La repetición refuerza la coordinación entre deglución y respiración.
  7. Evita forzar la alimentación: Si el potro no responde después de 2–3 intentos, suspende y solicita valoración veterinaria.
  8. Valora causa subyacente: Hipoglucemia, hipoxia neonatal o sepsis pueden inhibir el reflejo de succión; requieren tratamiento médico urgente.
  9. Documenta el progreso: Anota frecuencia, volumen ingerido, reflejos y temperatura rectal para informar al veterinario.

La correcta estimulación oral temprana reduce el riesgo de fallo en la transferencia pasiva y mejora la supervivencia neonatal hasta en un 40 % (Carr et al., 2014).

Qué tipo de leche o suplementos pueden ayudarle a crecer

La alimentación del potro prematuro o débil debe imitar lo más posible la composición del calostro y la leche materna equina. En condiciones normales, la leche de yegua contiene aproximadamente 2 % de grasa, 2,5 % de proteína y 6,5 % de lactosa, además de calcio, fósforo, cobre y zinc esenciales para el crecimiento óseo (Reed & Bayly, 2018).

Cuando el potro no puede amamantarse, se recomienda emplear sustitutos comerciales de leche equina formulados específicamente para potros, con una concentración energética de 0,9–1,2 Mcal/kg y proporción grasa/proteína de 1:1.5. Las marcas certificadas (como Foal-Lac® o Mare’s Match®) han demostrado mantener tasas de crecimiento de 1,3–1,5 kg/día sin causar diarreas nutricionales.

Además, es aconsejable añadir suplementos de plasma hiperinmune si los niveles séricos de IgG son < 400 mg/dL, así como complejos vitamínico-minerales con vitamina E (20 UI/kg) y selenio (0,1 mg/kg), bajo control veterinario. La hidratación constante y la alimentación fraccionada cada 1–2 h durante los primeros días resultan fundamentales.

una transición progresiva hacia la leche materna o el pasto debe hacerse entre las 2–3 semanas, conforme se estabiliza el sistema digestivo.

Frecuencia de alimentación y monitoreo del aumento de peso en potros prematuros

Durante los primeros días de vida, un potro prematuro requiere un programa de alimentación más frecuente y controlado que uno nacido a término. Su sistema digestivo inmaduro y su limitada capacidad de succión obligan a suministrar leche o sustituto lácteo en pequeñas cantidades, pero a intervalos cortos.

Frecuencia de alimentación según la edad y condición

Edad del potro

 Intervalo recomendado

Volumen total diario

Método sugerido

0–12 horas

Cada 1 hora

5–10 % del peso corporal

Sonda nasogástrica o biberón si succiona

12–48 horas

Cada 1,5–2 horas

10–12 % del peso corporal 

Biberón o cubeta con tetina

2–5 días

Cada 2–3 horas

12–15 % del peso corporal

Biberón o libre acceso supervisado

6–14 días

Cada 3–4 horas

15–18 % del peso corporal

Transición a tomas mayores

> 15 días

Cada 4–6 horas

18–20 % del peso corporal

Adaptación a la alimentación natural

Es crucial no forzar la ingesta: la sobrealimentación puede provocar diarreas osmóticas o cólicos. La temperatura de la leche debe mantenerse entre 37–38 °C, similar a la leche materna.

Monitoreo del crecimiento y aumento de peso

El peso del potro debe registrarse cada 12 horas durante los tres primeros días, y luego una vez al día hasta los 14 días de vida. El incremento normal esperado en un potro sano es de 1 a 1,5 kg por día, mientras que los prematuros o de bajo peso deben ganar al menos 0,8 kg/día de manera constante.

Métodos de control:

  • Báscula digital equina: el método más preciso.
  • Cinta de medición torácica: permite estimar el peso (fórmula: perímetro torácico² × longitud corporal / 11900).
  • Observación del comportamiento alimentario: un potro con reflejo de succión activo y actitud alerta suele mantener una ganancia adecuada.

Los registros de peso, cantidad de leche ingerida y frecuencia de defecación deben conservarse en una ficha diaria para el seguimiento veterinario.

Indicadores de alarma

  • Ganancia inferior a 0,5 kg/día durante más de 48 h.
  • Rechazo persistente del biberón o debilidad al succionar.
  • Abdomen distendido o signos de cólico tras las tomas.
  • Temperatura corporal fuera del rango 37,2–38,9 °C.

Cualquiera de estos signos requiere evaluación inmediata por un veterinario especializado en neonatología equina.

Higiene, descanso y control del ambiente del neonato

Un potro prematuro y con bajo peso descansa después de dar sus primeros pasos después del nacimiento.

Higiene, descanso y control del ambiente del potro neonato

El cuidado del entorno del potro recién nacido es esencial para prevenir infecciones, favorecer el desarrollo inmunitario y garantizar un crecimiento saludable. En los potros prematuros o de bajo peso, la higiene y el control del ambiente adquieren una relevancia aún mayor, ya que su sistema inmunológico es débil y su termorregulación inestable.

Higiene del entorno y del cuerpo del potro

El área donde permanece el neonato debe mantenerse limpia, seca y libre de contaminantes orgánicos. La cama ideal está compuesta por viruta de madera blanda o paja bien seca, reemplazada al menos dos veces al día.

La humedad en el box o la cuadra no debe superar el 60 %, ya que niveles más altos facilitan el crecimiento bacteriano y fúngico.

Después del parto, se recomienda limpiar suavemente el cuerpo del potro con una toalla limpia y templada, eliminando los restos de líquido amniótico y evitando enfriamientos. El ombligo debe desinfectarse con una solución de yodo povidona al 0,5–1 % cada 6 horas durante las primeras 24 horas para prevenir onfalitis o septicemia.

Asimismo, los utensilios (biberones, tetinas, cubetas o sondas) deben esterilizarse antes de cada uso con agua caliente o soluciones desinfectantes aptas para uso veterinario.

Descanso y confort físico

  • El sueño y el descanso son fundamentales para la maduración neuromuscular y la estabilidad cardiovascular.
  • Los potros neonatos descansan entre 16 y 18 horas diarias, alternando fases de sueño profundo y sueño ligero.
  • Durante estas fases, se debe asegurar que el suelo no sea resbaladizo y que el potro pueda levantarse sin dificultad, ya que la debilidad muscular es común en potros prematuros.

Además, el exceso de ruido, las luces intensas o la manipulación frecuente pueden aumentar el estrés y dificultar la recuperación. Un entorno silencioso, con iluminación tenue y sin corrientes de aire, mejora notablemente la estabilidad metabólica y la ganancia de peso.

Control del ambiente y de la temperatura

El rango térmico ideal para un potro recién nacido es de 25–30 °C durante los primeros 5 días de vida, reduciéndose gradualmente a 20–22 °C conforme mejora su capacidad de termorregulación.

La humedad ambiental debe mantenerse entre 50–60 %, evitando la condensación o sequedad excesiva del aire.

Los potros prematuros necesitan un sistema de calefacción indirecta, como lámparas infrarrojas o mantas térmicas regulables, colocadas a una distancia segura (mínimo 1 m). Se debe medir la temperatura corporal cada 3–4 horas, asegurando que permanezca entre 37,2 y 38,9 °C.

Si la temperatura corporal cae por debajo de 37 °C, se recomienda envolver al potro con mantas tibias y administrar aire caliente moderado con ventiladores térmicos regulables, evitando el contacto directo.

En cambio, si la temperatura supera los 39 °C, debe suspenderse toda fuente de calor y aumentar la ventilación, aplicando paños frescos en cuello y flancos hasta normalizar el valor.

Recomendaciones prácticas

  • Mantener la cama siempre seca y mullida.
  • Evitar acumulación de orina o estiércol bajo el potro.
  • Revisar y limpiar las ubres de la yegua antes de cada toma.
  • Minimizar el tránsito de personas o animales en el área neonatal.
  • Registrar temperatura corporal, frecuencia respiratoria y pulso dos veces al día.

Fuentes científicas y referencias verificadas

  1. Larson, E. (2014). Health Problems in Newborn Foals. University of Kentucky – College of Agriculture, Food and Environment. Leer fuente
  2. American Association of Equine Practitioners (AAEP). (s.f.). Emergency Triage of the Equine Neonate. Leer fuente
  3. Holyoak, R., Hiney, K. (2024). Foaling Management and Care of the Nursing Foal. Oklahoma State University Extension. Leer fuente
  4. Hammerly, A. (2024). Time is Key: Critical Care for Foals. Michigan State University College of Veterinary Medicine. Leer fuente
  5. Carr, E. A. (2014). Field Triage of the Neonatal Foal. Veterinary Clinics of North America: Equine Practice. DOI: 10.1016/j.cveq.2014.05.001
  6. Reed, S. M., Bayly, W. M., & Sellon, D. C. (2018). Equine Internal Medicine (4ª ed.). Elsevier. ISBN: 9780323443296. Fuente oficial
  7. McKenzie, H. C. III. (2017). Disorders of Foals. En: Equine Internal Medicine. DOI: 10.1016/B978-0-323-44329-6.00020-6
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